“Quiero vivir el resto de mi vida en mi casa, pero Emgesa me la quitó”
Francisco Cabrera es uno de los últimos habitantes de la vereda Veracruz que tendrá que salir de su hogar por la intervención del proyecto hidroeléctrico El Quimbo. No se quiere ir de su hogar, acusa a los trabajadores de Emgesa por causar ceguera a su esposa y se siente expulsado del río donde ha trabajado toda su vida.
Respirar el aire libre de la vereda Veracruz genera paz y tranquilidad, pero pronto, al conocer la situación que viven las pocas personas que aún habitan esta zona rural del municipio de Gigante parece que ese mismo aire puede asfixiar a quien lo respira.
Y es que al igual que gran parte de las poblaciones del centro del Huila, a simple vista se podría decir que esta zona es próspera, pues se caracteriza por tener verdes paisajes y grandes cultivos, campos que no volverán a ver jamás porque se encuentran dentro de la zona de influencia del proyecto hidroeléctrico El Quimbo.
En el corazón de esta humilde vereda vive Francisco Cabrera, un hombre de 55 años, quien desde que tiene uso de razón ha trabajado como pescador en el río Magdalena, arteria fluvial que pasa a escasos metros de su casa. Él nació y se crio en Veracruz, allí formó su hogar y levantó a sus dos hijos. Para Cabrera esta pequeña región lo es todo, pues los buenos momentos de su vida los ha pasado en medio de las aguas del río y las vegas cercanas.
Pero desde la llegada de ‘los hombres azules de Emgesa’, su vida y la de todos los habitantes de Veracruz cambió, “porque aunque nos decían que era bueno, en el fondo sabíamos que algo no saldría bien. El primer recuerdo que tengo de El Quimbo es cuando Julio Santafé venía a la escuela a hacer reuniones, a pintarnos pajaritos de oro del proyecto, nos dijeron que la reubicación sería antes de comenzar, que cuando ellos iniciarán su trabajo todos estaríamos reubicados, pero ya vemos nada es así, Emgesa me quitó todo lo que tenía”.
Con las quejas en la pared
El rostro de Francisco demuestra la impotencia que siente al ver cómo está a punto de perder lo que tiene. Hoy, cinco años después de que Emgesa empezara los trabajos en Veracruz, y aunque asegura no haberse perdido ningún paro o movilización hecha en contra del proyecto, siente que son pocas las cosas que puede hacer.
“Me levanté con ganas de mostrar lo que pienso, conseguí algunos vecinos, aportamos ideas y lo hicimos, dicen que es una indecencia escribir en la pared pero como es mía pues yo escribo lo que quiera y nadie puede decir nada”, señaló el hombre quién escribió mensajes en las paredes de su casa como expresión de inconformidad y para a los pocos que pasan por la vereda que este proyecto hidroeléctrico solo ha traído problemas.
Y aunque algunos no vieron con buenos ojos esta expresión, otros vecinos de Veracruz como Fernando Cruz piensan hacer lo mismo y aseguran que en pocos días sus casas tendrán mensajes de queja en sus paredes, pues si las ponen en el papel nadie les atiende.
Su esposa quedó ciega
Un recuerdo imborrable, desagradable y al que Cabrera describe como el peor daño que el proyecto hidroeléctrico le ha causado fue el de empeorar la salud de su esposa. Ella, desde hace muchos años es diabética y él mismo le hace la diálisis. En medio de largas pausas y frunciendo el ceño este campesino evoca uno de los momentos más difíciles que ha vivido.
“Estaba en el río pescando y cuando llegué había gente aquí en mi casa y pregunté qué había pasado, pues resulta que habían venido los de Emgesa y le dijeron a mi esposa que teníamos que resignarnos a irnos y que esto no era de nosotros. Ella se sintió triste porque por esto es por lo que hemos luchado toda la vida, se le subió la tensión, el azúcar y se le reventaron los vasos sanguíneos de los ojos, de ahí para acá quedó ciega mi mujer”, cuenta Francisco. Esto sucedió hace cuatro años durante las primeras visitas de los empleados de la multinacional a su casa.
Aunque la mujer fue operada en varias oportunidades, su enfermedad y la falta de recursos para su debido tratamiento le impidieron recuperar de nuevo la capacidad de ver, ‘’ese ha sido el mal más grande que me ha traído eso y aunque se llevó al médico y se operó no tiene nada de visión, está completamente ciega’’.
Le quitaron el río
“Nosotros los pescadores fuimos los primeros afectados, porque cuando comenzaron los trabajos empezaron a tirar al río tierra y piedras, se formaron las palizadas, ya no dejaban pasar y nosotros comenzamos a luchar y no nos dieron espacios’’, expresó Cabrera a quien la pesca le ha servido durante toda la vida para sostener a su familia y que hoy no puede ejercer porque los pocos espacios por los que se puede mover están llenos de elementos que no permiten pescar.
‘’Lo que uno sacaba mensualmente en la pesca era bueno, yo hacía por ahí tres o cuatro bajadas desde el puente el Balseadero a Puerto Seco y en cada viaje quedaban $200.000 o 300.000 pesos libres a cada uno, porque en cada bajada se podían coger entre 100 y 250 libras de pescado que se vendía a 4000 pesos cada una’’, relata Francisco que en compañía de los demás pescadores artesanales enviaron varias cartas solicitando espejos de agua en el embalse, petición que nunca les contestaron.
Con su canoa, arpones, atarraya y demás herramientas de trabajo ya colgadas, el pescador se siente inseguro y melancólico, porque dice que aunque aún no lo asume en algún momento debe dejar su tierra, “pero como les dije siempre en lugar de irme para donde nos quieren mandar, prefiero la libertad de mi río para pescar, quiero vivir el resto de mi vida en mi casa pero Emgesa me la quitó. Hay gente que prefiere la plata a la familia, a la vereda, a su tierra, hubo gente que se fue desde un principio, que porque tiene otras cosas, pero a mí no me interesa, preferiría quedarme así como estoy’’.
Los primeros desalojos
Paradójicamente Francisco ha sido uno de los pocos habitantes de Veracruz que ha vivido todos los momentos decisivos dentro de la inclusión de Emgesa y El Quimbo en su territorio, el pescador fue testigo del primer desalojo que se vivió en la vereda, en la casa y finca de su vecino El Guajiro, uno de los más fuertes opositores del proyecto, quien expresaba que no dejaría sus tierras y nunca saldría de su hogar, de donde lo sacaron rumbo al hospital por las bombas de humo y gases lacrimógenos que lanzó el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la policía durante el desalojo.
“Después de que llegan a su casa y se ve todo ese poco de Esmad y usted no quiere irse, ¿qué es? lo están sacando forzado”, dice el pescador enumerando en orden cronológico las fincas y viviendas de las cuales han sacado a la fuerza a gran parte de las familias de Veracruz, “yo por las buenas no me voy, yo pelearía por lo mío, pero mi nieta está pequeña, mi esposa ciega y el otro nieto de 15 años también vive conmigo, que me echen bombas de humo y gases a mí solo, pero con ellos aquí, 20 o 25 del Esmad, más Ejército y Policía, tendría que salirme, no quiero que los lastimen”.
El pescador artesanal muestra un papel que decreta que su desalojo se realizará más temprano que tarde, es una carta de expropiación que él y su familia no aceptaron, pero que a pesar del rechazo los peritos dieron como aprobada, bajo lo cual realizaron una evaluación económica de sus bienes y le dijeron que no era un desplazamiento forzado, que esto no era en contra de su voluntad, pero que se tenía que ir de ese lugar. En cada una de las visitas argumentan los distintos trabajadores de Emgesa que si se llega a dar el desalojo perderán todos sus beneficios. Poco tiempo después de registrar esta historia a Francisco le hicieron firmar una prima de traslado en la que le dan un dinero para el transporte de sus cosas, “sentencié mi muerte”, dice.
Irse sin nada
Pero además de pedirles que salgan de sus casas, a los campesinos de esta vereda les han dicho que hay cierto tipo de cosas que no pueden llevar al lugar donde van a ser reubicados, “al principio me dijeron que era viable seguir con mi trabajo, luego me dijeron que no, pedí trabajar con cacao, uva y piña y con ninguna me lo permitieron, dijeron que lo único era una lechería, cuando yo nunca he hecho eso, es lo que ellos quieren, lo que ellos creen que es viable dentro de los lugares donde nos van a meter”.
“Lo último que nos han dicho es que tenemos que vender las cosas para podernos ir, yo tengo dos caballos y como a donde nos van a reubicar no está cercado dicen que no los puedo llevar, el que tiene unas vacas pues lo mismo, entonces tenemos que vender lo que tenemos para salir adelante, eso solo lo piensa Emgesa”, dice Cabrera mientras se frota la cabeza una y otra vez tal vez intentando que su mente entienda un poco de lo que la multinacional pretende con esta idea.
Según Castro y algunos de sus vecinos, la orden de la multinacional es que antes de terminar el mes de abril no debe haber nadie en las tierras y todos deben estar reubicados en distintos lugares.
Algunos ya se rindieron, otros los olvidaron
Francisco ha estado en todos los paros, reuniones y movilizaciones que distintas asociaciones, líderes políticos, académicos y sociales han organizado, lo que de cierta forma ha hecho que el caso de Veracruz sea visible ante ellos, “esos líderes nos decían que incluso con uno que hiciera resistencia con ese estarían, hoy esos esos líderes no están, dicen que a algunos les dieron plata, otros nos olvidaron y el resto se rindieron’’, reflexiona.
El pescador comenta que cada una de las actividades y manifestaciones que hicieron en contra de la construcción de la hidroeléctrica terminó ‘en buenos términos’, “los líderes hacen compromisos con ellos, firman papeles y para uno no hace ningún remedio, no sé cómo cuadran ellos, pero al que le van dando se va abriendo, en los paros donde hay 20, 25 o 30 personas llaman a los 4 o 5 que encabezan y a ellos les solucionan la situación y se van, vuelve otro paro y otros lideran les arreglan y se abren, siempre pasó lo mismo”.
“Lo que buscaba Emgesa era desunirnos, porque sabían que eso era lo más fuerte a lo que se enfrentaban, comenzaron a trabajarnos uno por uno, venían días enteros y comenzaron a charlarnos de casa en casa, todos caímos”, dice.
Cabrera también cuenta que las autoridades locales, algunos de los cuales son hijos de campesinos de Veracruz, no intentan solventar la situación así sea un poco. “Cuando vienen se quedan lejos, se cruzan de brazos, no piensan en ayudar a los vecinos, el gobierno está con ellos, aquí vino hace como unos días la Defensoría del Pueblo, entrevistó la gente, pero se van y no vuelven, vino La Haya, pero no pasa nada”.
Francisco Cabrera camina todos los días por las casas desalojadas de la vereda Veracruz. Viviendas que en algún tiempo albergaron los sueños, anhelos y vidas de cerca de 200 personas, divididas en 70 familias, de las cuales ya solo quedan 5. En estos recintos olvidados se pueden encontrar muebles y enseres que aunque no son de una marca fina, ni tienen un costo elevado en el mercado, representan todo para los habitantes de esa comunidad, lugares que guardan el aire que asfixia al entrar y que muy pronto no estarán.
Lo que dicen otros habitantes de la vereda
Fernando Cruz Quintero:
“Me veo muy afectado por los daños de Emgesa en la vereda, soy nacido y criado aquí. Ellos no nos quieren reconocer nada, mi familia no aparece censada, ahora lo hicieron pero nos dicen que no somos beneficiados de nada, exijo el derecho a la igualdad a ver qué solución me dan. Pero además de nosotros hay 22 familias más que no están en el listado, nos tienen en una lista y no nos dan resultados de nada, como si no viviéramos aquí, al parecer me va a tocar irme de mi casa como los perros ‘con el rabo entre las piernas’, sin nada”.
“Emgesa me quitó el trabajo. Los dueños de las fincas fueron los primeros que se fueron me daban el trabajo y ahora no puedo ni caminar por las fincas abandonadas porque me sacan, yo soy criado y nacido aquí, como me van a decir que no camine en las tierras donde me crie, estamos muertos, a ratos se me oscurece la vista porque a mí ya no me dan trabajo”.
Luz Helena Flórez
“Mi trabajo lo llevaba a cabo a la orilla del río Magdalena buscando pindo para hacer sombreros. Esa actividad no la he podido desarrollar desde el 2009 cuando llegó Emgesa, seis años sin coger ni cinco centavos. Pero esta es cosa de la Nación (Gobierno) porque ellos respaldan a la multinacional, si ellos estuvieran con nosotros sería distinto, esto es un desplazamiento que nos hace el gobierno”.
“No comprendo, ¿cómo gente de otra parte viene a sacarnos?, ¿por qué nos hacen abandonar nuestra casa?, no existe una compensación que pueda pagar esto”.

Los habitantes de la vereda Veracruz se sienten desplazados por el Quimbo


Francisco Cabrera escribió mensajes de protesta en las paredes de su casa

La esposa del pescador quedó ciega y ellos atribuyen la culpa a trabajadores de Emgesa

Las fincas y viviendas de la zona rural están abandonadas
Muchos abandonaron sus sueños, muchos niños dejaron la vereda donde nacieron
Algunos habitantes de Veracruz se fueron dejando todo
Lea la primera entrega del especial sobre El Quimbo: "Quiero vivir el resto de mi vida en mi casa, pero Emgesa me la quitó"
