El Quimbo no fue el “Valle de la tristura”
Centenares de esqueletos han sido recuperados en las tierras del embalse del Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo, Huila. El programa de Arqueología Preventiva, como llamaron a la investigación que aún no termina, descubrió el que sería el homicidio más antiguo reportado. Al final quedará un museo (o cuatro), dos libros y la principal conclusión es que El Quimbo no fue el "Valle de la tristura".
Lo dice la ley. "Hay que recuperar la mayor cantidad de información posible sobre los antiguos habitantes que ocuparon esta región", enuncia José Vicente Rodríguez. Se refiere a la Ley General de Cultura y a la zona influencia de un megaproyecto que hoy ya casi enciende las luces definitivas: el proyecto hidroeléctrico El Quimbo (PHEQ). En el área donde antes se veía un gran valle y un agreste cañón, hoy reposan las aguas de la represa. Y sin embargo, él admite que mucho quedó en el fondo de esas 8.586 hectáreas inundadas.
Expertos arqueólogos participan de un contrato firmado entre la Universidad Nacional de Colombia y la multinacional Emgesa, constructora del PHEQ. Rodríguez es antropólogo y director del programa de Arqueología Preventiva en el área que cubre la mega obra, un estudio que tiene como fin documentar cómo vivieron las poblaciones prehispánicas y poshispánicas, de qué se enfermaron, cómo fueron enterradas. Con palas, palines, brochas, palustres y en algunas ocasiones con máquinas, le esculcaron los vestigios a la tierra.
En Bogotá trabajan tres personas en el Laboratorio de Antropología Física de la casa de estudios mencionada, en el municipio de Garzón, en otro laboratorio, ocho arqueólogos profesionales y auxiliares. Examinan todo el patrimonio arqueológico encontrado: materiales cerámicos, líticos y óseos, además de las muestras de los suelos. Por ahora, han determinado que en el piedemonte del río Magdalena, en la zona de embalse del proyecto hidroeléctrico, los recursos de las sociedades que allí vivieron provenían de este afluente, el más importante de Colombia.
¿Qué se puede decir sobre ese pasado de las tierras de El Quimbo?
Los trabajos de arqueología que se han realizado en el sur del Alto Magdalena han sido básicamente en tierras templadas como San Agustín, Isnos, Saladoblanco y el valle de La Plata y por eso se tenía una idea de que la población prehispánica había preferido esos climas. El área de influencia del PHEQ se encuentra en tierras cálidas y lo que hemos encontrado es que tuvo una ocupación más densa que en las templadas
¿Cuál es la importancia de este territorio?
Culturalmente, los hallazgos están relacionados de manera íntima con la cultura agustiniana, es decir que la cerámica es muy característica. Lo único que no hemos encontrado son los elementos monumentales (estatuaria) que identifican a San Agustín e Isnos pero sí muchos enterramientos que se han recuperado de manera sistemática y que, con el análisis que se hace de los restos óseos, podemos establecer las condiciones de vida que tenía, cómo se alimentaban, el estado de salud y las causas de muerte en algunos casos.
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El libro Arqueología en el "Valle de la tristura", sur del Alto Magdalena, Huila, el primero de los dos que serán publicados por el programa de Arqueología, dice que en la vereda La Escalereta -uno de los sitios de rescate- ubicada en el municipio de El Agrado, encontraron cerámicas en la superficie, en medio de cultivos limonares. "En el régimen alimenticio no solo eran importantes los productos agrícolas sino también el pescado del río grande y probablemente de las quebradas del piedemonte", afirman. Allí hubo lugar para viviendas y cementerios.
Los análisis también cuentan que en San José de Belén, en la misma localidad, vivió bastante gente y durante mucho tiempo. "Posteriormente, pequeños chorros del río cubrieron con arena fina el sitio desplazando a sus habitantes, antes de la llegada de los españoles", relatan las páginas escritas por el profesor Rodríguez y sus colegas antropólogos Augusto Cifuentes y Gustavo Cabal, editorializadas en el año 2012, inventariadas en las bibliotecas públicas municipales del Huila. Esas poblaciones a las que se refieren estuvieron dedicadas a la agricultura.
¿Qué resultados preliminares tienen?
Gracias a la conservación de los dientes tenemos una idea del índice de caries, algunas enfermedades como treponematosis (afección antigua), signos de anemia ferropénica en algunos restos óseos y varios de éstos se encuentran deformados intencionalmente como una práctica cultural de esta región. La gente piensa que esas tumbas están ricas de oro pero hasta el momento lo que se ha encontrado son solo cuatro tumbagas (mezcla de oro y cobre) en cuanto a piezas orfebres y cuencas de collar de semillas. También huesos de animales como conejos, serpientes y ratones.
¿Pueden interpretarse como poblaciones no relevantes?
Sí tuvieron relevancia histórica, económica y social, solo que no fueron centros religiosos. San Agustín e Isnos son centros religiosos. Aquí la población dependió básicamente del río Magdalena, sus recursos provenían de allí y no dejó esas manifestaciones monumentales. Sin embargo, en comparación con estos dos municipios, hemos recuperado más cantidad de piezas cerámicas. Hay cerca de sesenta, en buen estado.
Las excavaciones han encontrado varios enterramientos, ¿cuáles eran las costumbres en este sentido?
La ubicación de las tumbas fue relativamente fácil porque son estructuras monticulares. La gente armaba el pozo donde colocaba a la persona, posteriormente algunas vasijas y luego un montículo de piedras. Esa tradición se mantuvo hasta principios del siglo pasado porque hemos encontrado tumbas muy similares aunque ya con la influencia católica en San José de Belén. Allá sacamos unos enterramientos de gente de finales del siglo XIX, principios del XX, sobre sus enfermedades especialmente en el ámbito de la salud torácico. Tenemos el caso del homicidio que será el más antiguo reportado arqueológicamente en el Huila, un individuo que fue golpeado y posiblemente murió de eso.
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El trabajo de campo se realizó en las zona de obras de la central, área de reposición de las Lagunas de oxidación de La Jagua, el vaso del embalse, las vías sustitutivas y continúa en las áreas de reasentamientos colectivos y distritos de riego; con la participación de los arqueólogos, personal de la compañía y la comunidad, que realizan diariamente la exploración del subsuelo, los rescates o el monitoreo. En lugares como La Jagua (Garzón) se han encontrado más de cuatrocientos sitios arqueológicos, en Llanos de la Virgen (Altamira) más de trescientos y en otras zonas cerca de mil y se encuentran en proceso de análisis en laboratorio.
Los registros fotográficos dejan ver los análisis en medio de maizales, el petroglifo que señalaba el paso prehispánico, el cuenco esgrafiado lleno de tierra con su borde partido, el esqueleto del entierro uno encontrado el 12 de noviembre de 2011, la colección de piezas dentales, los pozos y sus varas para las mediciones, personas de la comunidad acompañando las excavaciones. Y así, muchas más imágenes.
En términos metodológicos, ¿cómo ha sido el trabajo?
Hemos aplicado la metodología de la arqueología funeraria en la que trataron de recoger toda la información concerniente a las tumbas (formas, dimensiones), a los cuerpos humanos y al contexto funerario. Habitantes de la región fueron vinculados y nuestro objetivo es que estas personas se capaciten en las labores de recuperación del patrimonio arqueológico y que a su vez contribuyan con el proceso de socialización.
¿Hay posibilidades de que aun con el trabajo que ustedes hicieron hayan quedado elementos debajo del agua?
Nosotros no podemos recuperar todo, por supuesto. Solamente trabajamos en las zonas donde se movilizaban máquinas así que es probable que algo haya quedado sobre el agua empezando porque hemos desvirtuado la visión de que la gente en tiempos prehispánicos vivía en climas templados, por lo contrario encontramos una zona densamente ocupada, igual que ahora Neiva.
¿Dónde están los hallazgos, cuál será su manejo?
Tenemos la custodia de las piezas cerámicas y líticas en un laboratorio en Garzón. Estamos pendientes de que el Instituto Colombiano de Antropología e Historia -ICANH- defina dónde van a quedar porque es la autoridad a la que le corresponde. Hay una discusión entre los municipios del área de influencia y el Instituto tendrá que acordar junto a la comunidad dónde se ubicará el museo para exponer los resultados de estas investigaciones arqueológicas.
¿Cómo evalúa su experiencia en el Programa de Arqueología?, ¿qué le deja?
Ha sido muy agradable trabajar con las comunidades porque han entendido la importancia del patrimonio arqueológico, se ha generado una conciencia de protección del mismo y eso sirve no solo para reconstruir un pasado histórico sino para generar ingresos sustentables, los museos atraen turistas y finalmente, la construcción de una identidad. Hacemos parte de ese pasado, traemos sangre indígena y mucho de lo que consumimos es debido a las poblaciones ese tiempo. El Huila se caracteriza por las achiras, esa es una tradición milenaria que no fue inventada por españoles sino por indígenas, al igual que los tejidos de fique y muchas artesanías que se elaboran vienen desde el pasado.
El programa de Arqueología Preventiva en el Quimbo ha realizado actividades de socialización de resultados en las casas de la cultura de los municipios de Garzón, Gigante, El Agrado y también en la zona de obra. Al final, con todos los elementos recuperados se creará un museo, o varios si las localidades involucradas no se ponen de acuerdo, y dice el profe José Vicente Rodríguez que de esa manera el sur del Huila va a tener una información que no poseen muchos otros departamentos. También advierte que por primera vez se va a poder abordar la problemática de las condiciones de vida de las poblaciones prehispánicas porque en San Agustín no se han conservado restos óseos humanos ni en Isnos, ni Saladoblanco, ni en La Plata. En cambio estos centenares de esqueletos relativamente deteriorados van a suministrar información para poder documentar.
Él y el equipo que dirige demostraron que aunque la gente llamó al sur del Huila ′Valle de la tristura′ porque supuestamente no había gente, porque era insalubre, ellos encontraron mucha gente habitando en el valle cálido y con unas condiciones de vida iguales o superiores a las del clima templado. Vivieron allí durante todos los periodos de la cultura agustiniana gracias a la disponibilidad de suelos fértiles, agua, arcilla. Y entonces ese calificativo no habría de ser necesario, no para hablar del pasado, y entonces quizás sí sea un poco apropiado que lo usen los habitantes actuales o, mejor, para los que se fueron.
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El programa de 3000 millones de pesos
Como resultado del Programa de Arqueología Preventiva realizado en la zona de influencia del Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo -PHED- aún no terminado, quedan unos frentes de trabajo de campo y siguen los análisis de laboratorio. Además, falta la edición del segundo libro que hablará sobre las prácticas funerarias y las condiciones de vida de la población prehispánica y sus apuntes serán presentados en eventos de arqueología a nivel nacional. Todo el trabajo, según José Vicente Rodríguez, antropólogo director, ha tenido un costo cercano a los 3000 millones de pesos.
Si el PHEQ no se hubiera construido, ¿este trabajo arqueológico en cabeza de la Universidad Nacional se habría realizado?
No (responde rápidamente), porque no habríamos tenido recursos suficientes para eso. Este proyecto ha sido muy costoso en términos económicos y sin el apoyo de Emgesa -empresa constructora del PHEQ- no se habría podido adelantar.
Opositores a la construcción de la represa hablaron de una gran pérdida arqueológica por la construcción de El Quimbo, ¿qué opina?
El Quimbo ha sido una oportunidad de hacer arqueología con muy buenos recursos y de poder contratar gente, dedicarle tiempo y contar con vehículos de transporte que es lo más costoso. Sin embargo, en los proyectos no se puede recuperar absolutamente todo, a diferencia de Betania este sí tuvo una buena arqueología, allá muchas cosas quedaron por debajo del agua. Aquí se ha hecho un esfuerzo enorme para recuperar la mayor cantidad de información e indudablemente quedó mucho sepultado.
