viernes, 03 de abril de 2026
El Quimbo/ Creado el: 2015-04-21 07:49

Las tristezas que deja El Quimbo

Un recorrido por la denominada ‘zona de influencia de El Quimbo’ devela el inconformismo de los habitantes con un proyecto impuesto e inconsulto. Esta iniciativa cambió la vida de seis municipios del Huila, elevó los precios de lo cotidiano y hasta disparó la prostitución, el alcoholismo y los intentos de suicidio. Primera entrega de una investigación que expone los distintos impactos de una obra que le dio un vuelco a la historia del Huila.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 21 de 2015

El común de los huilenses no logra entender las cuentas. Para generar apenas el 5 por ciento de la energía que requiere el país, fue necesario acabar con la tranquilidad de los habitantes de Gigante, El Agrado, Garzón, Tesalia, Altamira y Paicol, unas 300.000 personas, aproximadamente.

“No es exagerado pero hay campesinos que ya están experimentando depresión. Está comprobado que aumentaron los intentos de suicidio, como también el número de separaciones de parejas y todo esto obedece al enorme daño que nos trajo la construcción de El Quimbo, un proyecto que motivó diversas alteraciones y cambios en lo social, ambiental, económico y cultural, males que ya están empezando a padecer los pobladores de los seis municipios”, asegura Constanza Arévalo, sicóloga que ha estado analizando las afectaciones para la población del área del proyecto hidroeléctrico.

Los cambios se han visto en todo. El arriendo de un apartamento en Gigante que antes valía entre $200.000 y 250.000 pesos, ahora cuesta $500.000 o 600.000 pesos. Una pieza que se conseguía por $100.000, ahora no vale menos de 250.000 pesos.

El Quimbo encareció todo: la comida, la hora de billar, la cerveza, la rumba y en general las cosas que hacían parte de la cotidianidad de los pobladores de la zona.

“Los ′corrientazos′ prácticamente ya no existen, pues de $3000 pasaron a costar entre $6000 y 7000 pesos”, dice un poblador de Gigante.

Más prostitución

Pero no toda la afectación ha sido en lo económico. Tal vez lo peor es que la llegada de los grandes proyectos petroleros y energéticos, como El Quimbo, también afectaron los valores y las sanas costumbres de los pobladores de municipios como Gigante o Garzón, casi todos campesinos de valores arraigados, creyentes en Dios y respetuosos de las tradiciones.

“Antes no había tanta prostituta, pero ahora vemos hasta niñas de colegio que trabajan como prepagos de los muchos trabajadores que llegaron a laborar a la zona”, dice María Eunice Cuervo, una mujer de 58 años, oriunda de Gigante, quien hoy lamenta que el enorme proyecto haya llegado hasta su municipio para acabar con la tranquilidad.

Algunos pobladores dicen que conocen casos de estudiantes de bachillerato que se ‘vuelan’ de clases para irse a trabajar como ‘prepagos’ a municipios aledaños, donde trabajadores de El Quimbo les pagan hasta 100.000 pesos por sus servicios sexuales.

Testigo de lo que está sucediendo en Gigante es el sacerdote católico Pedro Nel Macías, quien dirige la parroquia de Nuestra Señora de Aránzazu. “Desgraciadamente uno ve frente a los lugares de prostitución camionetas que transportan gente que trabaja en El Quimbo y también de empresas petroleras”, agrega el presbítero.

Y al indagar se confirma que efectivamente es así. El negocio de la prostitución aumentó en Gigante, en forma alarmante, desde el  inicio del proyecto El Quimbo.

En la actualidad funcionan en el poblado, con aviso y razón social plenamente conocidas, cinco casas de lenocinio, cada una albergando en promedio 50 prostitutas, es decir que la oferta asciende a 250 mujeres fijas, una cifra exagerada para una población que no supera los 29.000 habitantes.

Uno de estos negocios es “Babaloo Bar”, inaugurado en 2010, paradójicamente  la misma época en que iniciaron los trabajos de El Quimbo.

“Yo voy y vuelvo, porque así es este negocio, pero me gusta estar aquí porque el trabajo ahora es bueno y no pagan mal… mire que uno hace más plata en Gigante que en Neiva y eso es porque hay más hombres que trabajan en la semana y que tienen platica para divertirse con nosotras el fin de semana”, narra Alexa, una joven mujer nacida en Paicol, madre de una niña, quien ahora ejerce la prostitución como fuente de subsistencia.

“Yo antes trabajaba como mesera de una panadería, lavaba ropas ajenas y en oportunidades, cuando la cosecha de café, trabajaba en las fincas cocinando para los recolectores, pero eso es duro y no deja plata, me hacía $500.000 y a veces 600.000 pesos al mes, entonces fue cuando conocí una amiga de Neiva que me presentó a un muchacho y él fue quien me consiguió los primeros clientes, la mayoría trabajadores de El Quimbo y de las petroleras de Gigante, que pagan bien”, narra la joven, de 19 años.

Y ante la pregunta de cuánto se gana ahora, dice con algo de timidez que en un fin de semana bueno puede ganarse lo que antes se hacía en un mes. “No me gusta lo que hago, pero usted entenderá”, dice.

“Mi finquita”, “Buchanas”, “Babaloo” y otros que también funcionan clandestinamente ofreciendo servicios para hombres y hasta para homosexuales,  se suman a las “prepago” cuyos catálogos ya circulan por las redes sociales, ofreciendo sexo en hoteles y apartamentos de la llamada zona de influencia de El Quimbo.

A todo lo anterior hay que sumarle el evidente aumento en el consumo de alcohol y drogas entre los jóvenes, pues al llegar más gente (trabajadores) a estos municipios, creció la oferta de bares, discotecas y el obvio expendio de drogas ilícitas que siempre está ligado a este tipo de establecimientos.

“Yo le puedo asegurar que ahora que culmine el llenado del embalse muchos negocios se van a pique, porque ya no habrá tanto trabajador y la plata volverá a escasear, como antes, con el problema mayor que el río ya no va a dar el mismo volumen de pescado y la represa no la podremos tocar por ser unipropósito (solo para generar energía) y propiedad privada”, asegura Orlando Quinayá, habitante de Paicol.

No todo es plata

Las paradojas de la vida. Mientras muchas jóvenes de la zona de El Quimbo terminaron vendiendo su cuerpo para obtener una ganancia “fácil” (el termino no es literal), otros no cambian la plata del mundo por la tranquilidad, caso los pescadores, los propietarios de restaurantes a orilla de carretera, los paleros que sacan material de río (arena para construcción) y los campesinos que cultivaban cacao, café, maracuyá, cholupa y lulo, entre otros.

Hoy la mayoría de ‘desplazados’ por El Quimbo ya recibieron su “compensación” -como lo llaman las cabezas del proyecto- un recurso económico que no es insignificante y que en la mayoría de los casos superó  los 60 millones de pesos, dinero que aunque parezca extraño y les haya brindado algunas comodidades que no tenían, no los hace feliz, incluso la mayoría asegura que hubiera preferido no haberlo recibido y seguir viviendo como siempre.

“Nos van a inundar 8586 hectáreas de tierra fértil y productiva, arrasando de paso nuestra cultura, nuestra tradición y nuestras vidas… mire que yo soy pescador y Emgesa (empresa que construye El Quimbo) me ha dado varios millones de pesos como compensación por la pérdida de mi trabajo, porque está claro que el pescado se va a terminar cuando se inunde la zona. Ahora tengo 15 vacas, casi 10 hectáreas de tierra y una casa bonita. Si usted me pregunta si ahora vivo mejor, le digo que no, la verdad preferiría no haber recibido nada  y no perder la oportunidad de vivir del río como lo hizo mi abuelo, mi padre y yo… me hubiera gustado que mi hijo fuera pescador, pero ahora, a las malas, a él le tocó dedicarse al ganado”, dice Pedro Martín Losada, un “habitante del río” como él mismo se califica.

Definitivamente es difícil encontrar en la zona una persona que defienda el proyecto. Políticos y personas que trabajan en las alcaldías de estos municipios, aseguran que no lo pueden decir de frente por temor a perder sus puestos, pero que “El Quimbo es lo peor que pudo suceder al Huila”.

“Mire la diferencia. En Antioquia están construyendo Ituango, el más grande proyecto hidroeléctrico del país, mucho más que El Quimbo y la gente ha protestado pero no en las dimensiones que lo han hecho los huilenses. La principal razón es que tanto el Departamento de Antioquia, como el municipio de Medellín y todos los que resultaran afectados por la inundación, son socios del proyecto y de por vida van a recibir ganancias, además de las obligadas regalías. Para el caso del Huila solo recibiremos unas minucias de regalías, pero el grueso de la ganancia es para Emgesa, la firma extranjera que ahora es dueña de las casi nueve mil hectáreas que abarca el proyecto”, dice el Secretario de Gobierno de uno de los municipios del área.

Desolación, tristeza, rabia e impotencia, sinónimos que se ven reflejados en los rostros de los habitantes de estos seis municipios del centro del Huila, a quienes un megaproyecto les cambió radicalmente la vida.

 

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La prostitución pulula en los municipios de la zona de influencia del proyecto hidroeléctrico El Quimbo

 

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La megaobra va en un 90 por ciento.

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El Quimbo tiene influencia en seis municipios del centro del Huila: Gigante, El Agrado, Garzón, Tesalia, Altamira y Paicol

 

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El peñón sobre el río Magdalena abajo de La Jagua, el puente sobre la quebrada Yaguilga, la iglesia de San José de Belén, las labranzas de cacao de río Loro, la historia de La Escalereta, El Poira, entre otros, quedarán bajo el agua de la represa

Algunos datos

- Del total de la población directamente afectada con la construcción de El Quimbo, el 53% corresponde a hombres y el 47% a mujeres. Según grupos de edad, la población es mayoritariamente joven (40,8%). El 9,5% agrupa a la población mayor a sesenta años. En este rango de edad, el número de hombres es mayor en 11 personas a las mujeres que suman 66; se destaca que existen un número importante de personas que sobrepasan los 70 años, hasta los 89 años que es la edad máxima, que residen en todas las veredas del área de influencia directa. (Censo socio-económico y cultural aplicado en el mes de junio de 2011). Los indirectamente afectados serían los pobladores de los 6 municipios, aproximadamente 300.000.

 

- El Quimbo arranca obras con la bendición del gobierno del expresidente Álvaro Uribe, quien desconoció el Auto No. 517 de 31 de julio de 1997, mediante el cual el Ministerio de Ambiente declaró no viable el Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo.

 

- Tampoco fue escuchada la solicitud formulada por la Procuraduría General de la Nación al Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, el 9 de mayo de 2009, de “abstenerse de otorgar licencia ambiental para la construcción del proyecto El Quimbo”, debido a que “no es conveniente que se inunden unas de las mejores tierras con aptitud agrícola de la región, cuando se considera que el Huila es pobre en tierras productivas y porque es difícil restituir la actividad productiva por la dificultad de encontrar tierras semejantes”.

 

- Ante la inexistencia de los estudios previos de “valoración económica de los impactos ambientales”, la Defensoría del Pueblo realizó trabajo de campo donde recolectó y analizó la información suministrada por las comunidades afectadas y, como consecuencia de su diagnóstico, solicitó mediante Oficio dirigido al entonces Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial –MAVDT- -radicado 4120-E1-43213 del 7 de abril de 2011- la suspensión de la licencia ambiental por los hechos expuestos.

 

- Hay antecedentes de comunicaciones de la Fiscalía, que adelantó indagaciones preliminares por posibles infracciones a la ley por parte de las entidades constructoras del proyecto.

La cifra

El Quimbo generará una afectación la seguridad alimentaria de la región al inundar la zona que actualmente produce unas 36.000 toneladas de alimentos por un valor cercano a los $33.000 millones.

Lo que será historia

El peñón sobre el río Magdalena abajo de La Jagua, el puente sobre la quebrada Yaguilga, la iglesia de San José de Belén, las labranzas de cacao de río Loro, la historia de La Escalereta, El Poira, son algunos de los lugares que han existido desde siempre y que terminarán bajo el agua de la represa que al finalizar tendrá un costo superior a los mil millones de dólares.