Y seguirá pasando trabajos
Por: Luis Humberto Tovar
El Diario La Nación del día de ayer, intitulada Investigación, de Ricardo Areiza, sobre las “batallas secretas” de Yesid Ramírez Bastidas, otrora expresidente de la Corte, involucrada en los más graves escándalos de corrupción de que se tenga conocimiento en la historia judicial de Colombia.
Dichas investigaciones se han realizado hasta ahora, contra algunos magistrados, ampliamente conocidos, y por los distintos medios periodísticos, también me he enterado, que desde el Congreso, se solicitó mediante proposición, se investigaran las sentencias proferidas por esa corte, desde la época en que fungía como presidente Ramírez Bastidas, en el entendido de que desde esa época se había contaminado en forma superlativa, la higiene jurídica de una institución llamada a administrar justicia.
Y no es para menos pensar lo mismo; desde esa época, que se tenga conocimiento, existieron carnavales por el país, y se hicieron loas al narcotráfico desde restaurantes importantes, agasajando los altos tribunos de la justicia, con constancias de gratitud y reloj incorporado; ¿porqué los halagos del narcotráfico a magistrados, y socios del paramilitarismo?
Siempre escribí sobre las condiciones morales y éticas de Ramírez Bastidas por sus actos; jamás exprese calumnia alguna, todas fueron verdades como es mi obligación; como tal no existe retractación, porque simplemente referí otro escrito que invite a leer; iluso pedir perdón; fuí educado en condiciones absolutamente distintas en conceptos morales y éticos a las suyas; por eso dije lo que tenía que decir de su comportamiento como juez; en su cara ante la fiscalía en Bogotá, cuando le exprese que “jamás podía mirarme a los ojos en el mismo sitio, con el mismo sol, porque no tenía autoridad moral para hacerlo”.
Me denunció en varias oportunidades, y en todas probé que él no era un hombre decente para la justicia; que la había deshonrado y mancillado; que era el autor de su propia deshonra y la de ella; y quien estaba obligado a recuperar su honra y buen nombre, si la tuvo, era él y el de la justicia, perdida por andar entre la oscuridad.
Hoy naufraga en su propio desprestigio profesional y moral; lo eluden en los escenarios académicos y sociales; es una mala compañía.
Aunque no quería, acepto el reto de buscar indemnizaciones por falsas denuncias; y no descansaré hasta que devuelva, si existe vergüenza, las condecoraciones por la deshonra al Huila, a Colombia y a la justicia en particular.
