Y no les da vergüenza
Por: Luis Humberto Tovar Trujillo
La vergüenza es una emoción que pretende ocultar algún defecto o acción nuestra, que creemos que, si se viera, podría provocar rechazo. Es una emoción que nos lleva a esconder nuestros fallos, o a caer en exceso de autocrítica para evitar o minimizar la crítica destructiva o el rechazo de los demás.
La perdida de vergüenza, es precisamente, la generación de rechazo, por pretender hacer creer que, todas las acciones lesivas a la sociedad, son considerados éxitos, antes defectos, por las acciones aberrantes cometidas.
Las Farc, y los grupos armados ilegales, se han ganado el desprecio de la sociedad, porque han acudido al cinismo, -perdida de la vergüenza- como argumento irracional para justificar las más graves aberraciones delincuenciales cometidas contra la sociedad, utilizando todas las formas de lucha, y hacerse supuestamente a los designios del Estado.
El desprecio supone la negación y humillación del otro, de quien se duda su capacidad e integridad moral. Es similar al odio, pero implica un sentimiento de superioridad. Una persona que tiene desprecio por otra. La persona despreciada es considerada indigna.
Perdieron la vergüenza no solamente la Farc y sus aliados, por haber creado, en un contubernio delincuencial, con el narcoterrorismo de Estado, y el suyo propio, su propia justicia y sus propios jueces, en un ejemplo clásico de indignidad, y lo más grave aún, con intervención de extranjeros adeptos ideológicamente a los juzgados.
El delincuente, escoge su propia justicia; una aberración.
Perdieron la vergüenza porque, convirtieron esa forma de administración de justicia, en una guarida, donde desde que se instaló la JEP, hasta la fecha, cada día suceden escándalos de la mayor gravedad y envergadura, de igual o peor dimensión que los escándalos de corrupción que se suceden en las altas cortes.
Su propósito es llenar un proceso fraudulento de impunidad, a cambio de lavar todo el dinero obtenido producto del narcotráfico, en unos escenarios y con unos escándalos cada día más graves, hasta traficar con la extradición de uno de los delincuentes del narcotráfico.
Perdieron la vergüenza, porque no han sido capaces de producir durante toda su existencia, sentencia alguna, de ninguna naturaleza.
Vergüenza porque, con solo una año de funcionamiento, han generado un déficit presupuestal superior a los seis mil millones; vergüenza porque, con dineros de la justicia han repartido halagos a hijos de expresidentes, y otros, con vínculos con medios de comunicación y sus propios funcionarios, que nada tienen que ver con las funciones; vergüenza porque, con esos mismos dineros están financiando el terrorismo de las mal llamadas mingas indígenas, que son narcoterroristas apuntando contra la existencia y seguridad del Estado.
Una vergüenza total, que genera el desprecio total de una sociedad decente.
