miércoles, 08 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2018-11-03 02:36

Y no aguanto más

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 03 de 2018

Por: Luis Humberto Tovar Trujillo

Advierto que soy católico, apostólico y polaco, este último porque sigo siendo hincha de Juan Pablo II, hoy santo; formado dentro de unos cánones de generosidad en la fe cristiana, respetuoso del orden sacerdotal, entendiendo que el sacerdocio, es la invitación hecha por Cristo, sus nuevos apóstoles, a predicar el evangelio y dar testimonio de vida ejemplar.
No aguanto más, y no es propiamente mi renuncia a mis convicciones en la fe cristiana, sino por el contrario, aún con buenos cimientos en ella, pero no por ello, obligado a guardar silencio sepulcral, sobre situaciones que enturbian la actividad pastoral.

Me refiero a la conducta de algunos sacerdotes, obispos, etc., que haciendo uso de su posición dominante desde el punto de vista de la jerarquía ministerial, en cada caso, llámese en la parroquia, o en el episcopado, han abusado sexualmente de menores, colocándolos en estado de indefensión, por su condición sacerdotal y de ministros de la iglesia, ante el repudio generalmente silencioso de la comunidad, por respeto a la iglesia misma y a quienes la representan.

No deja de ser infame y atroz, a los ojos de la sociedad y de los afectados directamente, encontrar manifestaciones de jerarcas, haciendo coro cómplice de esas conductas aberrantes, como “hay cosas mas graves”, o “ya Dios los perdonó”, parecido a las expresiones de Santrich frente al perdón por sus delitos, “quizás, quizás, quizás”.

Está bien que Dios los haya perdonado, solo es propio en la dimensión divina; pero no es humano, expresiones de burla, para eludir la alta responsabilidad que les asiste, con el agravante de la jerarquía que representan dentro de nuestra sociedad.

Por ser atentatorio de la dignidad humana y de los menores en concreto, que deben ser protegidos por el Estado y la sociedad, que clama a gritos, no seguir utilizando a estos para satisfacer sus apetitos malsanos, degradantes y oscuros.

Es cierto que estamos frente a seres humanos, llamados por Dios a cumplir una misión en la tierra, pero esta misión no es propiamente delinquir y menos teniendo a los niños como víctimas; tampoco se deben amparar en el escudo del sacerdocio para protegerse de sus aberraciones.

Deben ser honestos consigo mismo y con Cristo, y renunciar antes que pecar, por ser inferiores a sus compromisos con la iglesia, y no colocar más en peligro la confianza legítima de quienes, siguen entregados a la verdad cristiana por la fe.

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