Y llegó la hora
Por Aníbal Charry González
De cambiar la historia de politiquería, de violencia, de depredación, de muerte, de despojo, de corrupción extrema, de guerra infame, de atraso, de desigualdad, de miseria, en que ha sumido a este descaecido país la clase política tradicional que nos ha mal gobernado durante tantos años, que ahora se encuentra aliada toda a una alrededor del candidato del establecimiento, listos a seguir la depredación prometiendo sumirlo nuevamente en la violencia que les permita continuar detentando espuriamente el poder político; que constituyen lo que Jorge Eliécer Gaitán llamaba el país político -con sus prebendas, con sus contratos, con su burocracia, con su violencia, con sus marrullas y su corrupción-. Unidos no por su ideología porque no tienen ninguna, sino por instinto de conservación de sus ominosos privilegios con el asalto en masa y permanente al tesoro público.
Y lo que hay que entender en esta crucial elección, es que si bien es cierto, nunca antes se había llegado a disputar la presidencia con dos candidatos de ideas antagónicas, la cuestión no es como el mismo establecimiento lo ha planteado falazmente para agitar fanatismos políticos en este derechizado país para favorecer a la marioneta de Uribe, de ser un simple cotejo entre la derecha y la extrema izquierda; sino una contienda histórica sin antecedentes, entre la decencia en el ejercicio de la política y de la lucha frontal contra la corrupción y la violencia que encarna el candidato de la Colombia Humana, Gustavo Petro, contra la caverna corruptora y violenta que representa Iván Duque, que como se ha dicho, ya está amangualada y lista a venderse por coimas para legislar, como lo han anunciado para la elección del nuevo Contralor, para de esta manera elegir el ratón que les siga cuidando el queso que estas lacras se comen por billonadas en detrimento miserable del pueblo colombiano.
Esa es la verdadera magnitud de esta confrontación, que el país nacional como también lo llamaba Gaitán -con su salud, con su educación, con su miseria, con su aberrante desigualdad permanentemente desatendidas por ese país político vil-, tiene la oportunidad de zanjar en las urnas liquidándolo de un solo tacazo electoral como auténtica revolución pacífica, eligiendo como presidente al candidato de la Colombia Humana, que se ha comprometido no solo a reivindicarlo socialmente, sino a impedir que se lo sigan robando impunemente, porque con su llegada histórica tendremos la garantía de que en su gobierno no robarán más estos filibusteros.
El país nacional ya curado de espantos y sabedor de quienes son sus verdaderos depredadores, tiene la oportunidad de oro libremente de dejarlos literalmente sin su malvado oficio, para que tengamos esa segunda oportunidad sobre la tierra que no ha tenido nuestra estirpe desgraciada como diría García Márquez, porque no se había atrevido a ejercer su soberanía como pueblo para darse su propio destino borrándolos del mapa político, para que enchipados no lo sigan desangrando y robando presentándose cínicamente cada vez que hay elecciones como los salvadores de un país que ellos mismos han condenado con sus latrocinios. Por eso llegó la hora de cambiar la siniestra historia.
