Y el rio Magdalena se muere
Hace unos años cuando las autoridades ambientales y jurisdiccionales, amparados en la modorra y desidia de nuestros funcionarios públicos y la complacencia de la dirigencia política y judicial, la hidroeléctrica El Quimbo, sin haber completado las tareas de limpieza de la zona de la represa y en medio de un desastre ambiental, pero con fines económicos de la multinacional encargada del proyecto, dispuso el cierre de compuertas y el inicio del llenado del embalse, se dio inicio a una contaminación del río Magdalena que parece no tener fin.
Fue inmediato el rechazo ciudadano, el cual no cuenta para los emporios económicos, ni para la dirigencia política regional, ni para los gremios económicos, y se anunció que todo ese material no retirado se constituiría en una biomasa que generaría putrefacción del agua represada, como en efecto, se empezó a sentir por los olores y forma como se advertía la presencia de elementos que impedían el aprovechamiento de dichas aguas represadas tanto para el consumo humano, como para el consumo de los animales del entorno.
Ahora en los diálogos de la problemática regional que van y vienen entre amigos y conocidos, nos hemos encontrado con Luis Eduardo Vargas, el reconocido caballista de talla internacional, quien viene anunciando la muerte lenta del río Magdalena y la forma como en pocos años, éste ha de terminar convertido en un símil de lo que hoy en día es acontece con el río Bogotá.
“El río Magdalena se está muriendo”, y enfatiza: “las autoridades ambientales son incompetentes para anticipar el desastre, no tenemos en estos momentos políticas que permitan descubrir más adelante, que me he equivocado”, y lo refiere con fundamentos y con mucha certeza, cuando destaca que todas las aguas servidas y la forma como se viene desarrollando la explotación piscícola en la zona sur y del centro del departamento del Huila, permiten avizorar que la represa del Quimbo, es la piedra angular de éste gran desastre del ecosistema hídrico de nuestra zona geográfica, rica en otras ocasiones para la explotación agrícola, ganadera y pesquera.
Su visión futurista de un desastre ambiental, tiene como soporte la inexistencia de tratamiento de las aguas servidas que van a terminar al río madre, pues las poblaciones que quedan cerca a su lecho, y las afluentes que lo alimentan, en esta temporada de verano, con poco caudal en su lecho, reciben las aguas no tratadas de las alcantarillas, y todas las aguas que son represadas para lagos o cultivos de peces y son devueltas contaminadas al río, fuera de la forma como los residuos de los abonos químicos, terminan filtrándose por entre la corteza terrestre para llegar a generar el desastre que se anuncia.
Todo esto nos lleva a un análisis en conjunto, puesto que hemos advertido que se ha llegado al punto de que hay sectores del río en la parte intermedia, es decir antes de llegar a la represa del Quimbo, que dejan ver las huellas de esa zona espumosa, que van dejando los detergentes a flote del cauce del río, amén de los desperdicios que navegan sobre sus aguas como plásticos, bolsas, residuos de construcción, y muchos que son arrojados sin control y sin conciencia ciudadana, pero con la permisividad de las autoridades, y teniendo en cuenta, incluso la ausencia de una visión administrativa que haga posible su protección y que vienen desde inmediaciones de San Agustín, San José de Isnos, Pitalito, Oporapa, Saladoblanco, Elías, Timana, Tarqui, Altamira, Garzón y Gigante, entre otros.
Ante la expectativa de una explotación piscícola o turística de la Represa el Quimbo, la conclusión fue clara y precisa, por ningún motivo se hace recomendable desde ya, tal actividad pues no se vienen realizando actividades para descontaminar sus aguas y las epidemias que han de desatarse o las virosis estomacales que se presentan tienen esa fuente. Respecto de una eventual licencia para hacer turismo en sus aguas, sin lugar a dudas, que se corren muchos riesgos, porque el agua contaminada con el contacto con la piel y la falta de políticas sanitarias, terminan produciendo grandes daños a la población que se exponga a ellas.
El tiempo lo dirá, el Quimbo y nuestras propias comunidades ante la desidia y la falta de cuidado con las basuras y las aguas servidas y sin tratamiento vienen generando mucha muerte, dolor y lágrimas y otras tantas que están por verse.
Amadeo González Triviño
Hace unos años cuando las autoridades ambientales y jurisdiccionales, amparados en la modorra y desidia de nuestros funcionarios públicos y la complacencia de la dirigencia política y judicial, la hidroeléctrica El Quimbo, sin haber completado las tareas de limpieza de la zona de la represa y en medio de un desastre ambiental, pero con fines económicos de la multinacional encargada del proyecto, dispuso el cierre de compuertas y el inicio del llenado del embalse, se dio inicio a una contaminación del río Magdalena que parece no tener fin.
Fue inmediato el rechazo ciudadano, el cual no cuenta para los emporios económicos, ni para la dirigencia política regional, ni para los gremios económicos, y se anunció que todo ese material no retirado se constituiría en una biomasa que generaría putrefacción del agua represada, como en efecto, se empezó a sentir por los olores y forma como se advertía la presencia de elementos que impedían el aprovechamiento de dichas aguas represadas tanto para el consumo humano, como para el consumo de los animales del entorno.
Ahora en los diálogos de la problemática regional que van y vienen entre amigos y conocidos, nos hemos encontrado con Luis Eduardo Vargas, el reconocido caballista de talla internacional, quien viene anunciando la muerte lenta del río Magdalena y la forma como en pocos años, éste ha de terminar convertido en un símil de lo que hoy en día es acontece con el río Bogotá.
“El río Magdalena se está muriendo”, y enfatiza: “las autoridades ambientales son incompetentes para anticipar el desastre, no tenemos en estos momentos políticas que permitan descubrir más adelante, que me he equivocado”, y lo refiere con fundamentos y con mucha certeza, cuando destaca que todas las aguas servidas y la forma como se viene desarrollando la explotación piscícola en la zona sur y del centro del departamento del Huila, permiten avizorar que la represa del Quimbo, es la piedra angular de éste gran desastre del ecosistema hídrico de nuestra zona geográfica, rica en otras ocasiones para la explotación agrícola, ganadera y pesquera.
Su visión futurista de un desastre ambiental, tiene como soporte la inexistencia de tratamiento de las aguas servidas que van a terminar al río madre, pues las poblaciones que quedan cerca a su lecho, y las afluentes que lo alimentan, en esta temporada de verano, con poco caudal en su lecho, reciben las aguas no tratadas de las alcantarillas, y todas las aguas que son represadas para lagos o cultivos de peces y son devueltas contaminadas al río, fuera de la forma como los residuos de los abonos químicos, terminan filtrándose por entre la corteza terrestre para llegar a generar el desastre que se anuncia.
Todo esto nos lleva a un análisis en conjunto, puesto que hemos advertido que se ha llegado al punto de que hay sectores del río en la parte intermedia, es decir antes de llegar a la represa del Quimbo, que dejan ver las huellas de esa zona espumosa, que van dejando los detergentes a flote del cauce del río, amén de los desperdicios que navegan sobre sus aguas como plásticos, bolsas, residuos de construcción, y muchos que son arrojados sin control y sin conciencia ciudadana, pero con la permisividad de las autoridades, y teniendo en cuenta, incluso la ausencia de una visión administrativa que haga posible su protección y que vienen desde inmediaciones de San Agustín, San José de Isnos, Pitalito, Oporapa, Saladoblanco, Elías, Timana, Tarqui, Altamira, Garzón y Gigante, entre otros.
Ante la expectativa de una explotación piscícola o turística de la Represa el Quimbo, la conclusión fue clara y precisa, por ningún motivo se hace recomendable desde ya, tal actividad pues no se vienen realizando actividades para descontaminar sus aguas y las epidemias que han de desatarse o las virosis estomacales que se presentan tienen esa fuente. Respecto de una eventual licencia para hacer turismo en sus aguas, sin lugar a dudas, que se corren muchos riesgos, porque el agua contaminada con el contacto con la piel y la falta de políticas sanitarias, terminan produciendo grandes daños a la población que se exponga a ellas.
El tiempo lo dirá, el Quimbo y nuestras propias comunidades ante la desidia y la falta de cuidado con las basuras y las aguas servidas y sin tratamiento vienen generando mucha muerte, dolor y lágrimas y otras tantas que están por verse.
