miércoles, 01 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-11-27 03:43

Y dónde están los responsables

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 27 de 2019

Por: Luis Humberto Tovar Trujillo 

Como ratas se esconden los responsables de todo lo que está viviendo el país. De una parte, todos los colombianos, empezando por los que ejercen la doble moral de elegir incapaces de sacar adelante al país, y se venden por un tamal y una teja de zinc, y después viéndose estafados salen a reclamar, pagados nuevamente por los mismos estafadores, para que le reclamen al Estado por sus propios incumplimientos.

De otra parte, los elegidos, la clase política, hambrientos de corrupción y seducidos por el ejercicio vulgar del poder político, que han invertido totalmente los principios y fines esenciales del Estado, y sobre todo, teniendo como fin, no la defensa del interés colectivo sino el particular, el de aumentar su patrimonio particular, autorizado por la misma sociedad que le ordena aprovechar su cuarto de hora en el poder.

Los políticos, se han dedicado en ese ejercicio, a llenarse hasta la saciedad de privilegios, hasta grotescos, que humillan a la sociedad, y con mayor razón a los desvalidos que siguen votando por ellos, para que los sigan humillando, convirtiéndose en una enfermedad, en un masoquismo estúpido.

Quienes administran justicia, y especialmente, aquellos de las Altas Cortes, muchos sin capacidad intelectual, pero con una gran capacidad de lagartería, peor que la de un político, compiten con estos en la consecución de puestos dentro de la respectiva rama para sus amigotes, sobre los cuales construyen su propia corrupción, haciendo denegación de justicia y colocando al país en plena guerra, invitando a la justicia del Talión.

Y lo que es peor, ver como posteriormente se descubre que los que administran justicia son los peores asaltantes del Estado, y los que superlativamente han colocado al Estado en ese estado de indefensión, por las protestas del ciudadano, ya saturado de tanta corrupción judicial.

Las decisiones recientes, estafas a las decisiones del pueblo, el atraco al plebiscito, llenó la copa de los ciudadanos; expresión de burla a la Nación, soporte de la democracia, y ver la existencia de un contubernio delincuencial entre el ejecutivo, el legislativo y la rama judicial, que se convirtió en el fraude inmensamente grande a la voluntad popular, ni siquiera un golpe de estado, sino un atraco a la institucionalidad.

Romperle el espinazo a la legalidad, no es para reclamarle a Duque, que nada tiene que ver en este proceso delincuencial, sino que, por el contrario, merecedor de todo nuestro respaldo y apoyo. Nuestra obligación, es sacudir el saldo de las instituciones, hasta las educativas, y reconstruir la Nación, sobre sus propias cenizas, sobre el saldo de institucionalidad que nos queda.

Hay que reconstruir la educación pública, desde buscar profesores que no los hay, y buscar estudiantes. No llevar problemas a las aulas para que indirectamente el Estado los resuelva, estando obligada la familia a su solución.