Y continúa la pestilencia
Por Luis Humberto Tovar Trujillo
Me atrevo a decir, sin temor a equivocarme que ni los habanos, que son los famosos tabacos cubanos, serán obstáculo para poder neutralizar los altos niveles de podredumbre que se ciernen sobre Colombia.
Aceleradamente, es decir, con el acelerador al piso, seguimos viendo a pasos agigantados la serie de conductas, todas con el patrocinio del gobierno Santos y defendido por todos los candidatos presidenciales, excepto Iván Duque de la gran alianza por Colombia, delincuenciales, por consiguiente inmorales y llenas de los mas altos contenidos de alcantarillas, para favorecer la delincuencia nacional y transnacional, como dicen los de la izquierda, que incluye a los famosos negociadores en representación de Santos y Timochenko.
Y lo mas grave aún, fue la DEA de los Estados Unidos, quien destapó, mejor decir, tumbó el túnel que había desviado la corriente del océano de pestilencia (utilizando términos para identificar la catástrofe por la obra de Hidroituango), en todos los sectores del Estado, entre otros, como el cartel de la toga, las actividades del narcotraficante Santrich, antes repartidor de moral, a tal punto que algún sector de episcopado lo acogió en su seno y lo tiene allí sobreprotegido y susurrándole al oído para que termine su actividad de hambruna personal.
Ahora, recientemente, la JEP, en decisión suscrita entre otros por otro huilense, el magistrado Bobadilla, de esos de izquierda que perdieron el honor y la honra, haciéndose designar por extranjeros especialistas en delincuencia internacional para integrar este organismo, que se debate en las disputas corruptas de la contratación y disposición de los recursos entregados por países garantes de ese pacto ignominioso de la Habana, después del teatro Colón, que como se anunció por la oposición colombiana , sería el escenario vulgar para absolver delincuentes con la cedula.
Una JEP, inventada como guarida para esos menesteres, acaba de rebuznar, suspendiendo un trámite de extradición, pero lo más grave aún, cambiar la amistad de los Estados Unidos por nuestras intimidades con Santrich, negando la existencia del tratado de extradición suscrito con el país del norte sobre este tema específico, en la lucha contra el delito internacional, en este caso el narcotráfico.
Y como si fuera poco, la inexistencia de las normas de procedimiento para el funcionamiento y toma de decisiones de este organismo atrofiado de la justicia selectiva, demuestran aún más el afán delincuencial del mismo en proteger especialistas del delito.
