Vuelven las masacres
En medio de la más profunda crisis social y económica que está atravesando la sociedad colombiana por la irrupción de la pandemia de la Covid-19, han vuelto a presentarse los asesinatos colectivos en algunas regiones del país. Mientras las comunidades del barrio Llano Verde de Cali, estuvieron acompañando a los familiares de los cinco menores que fueron asesinados en circunstancias aún desconocidas, ocurre otra masacre vil de ocho jóvenes en el municipio de Samaniego Nariño.
Esta nueva masacre se registró en menos de una semana. El martes pasado, cinco menores fueron asesinados y sus cuerpos dejados cerca de un cañaduzal, en el oriente de Cali, donde viven familias desplazadas por la violencia y reinsertados. Igualmente se están presentando situaciones similares en otras regiones del país.
Desde que se inició el proceso de implementación del Acuerdo Renegociado de Paz se han presentado más de 200 asesinatos de los integrantes reinsertados de las Farc, motivo por el cual, tiene al gobierno nacional en la picota pública por el incumplimiento en la política de la seguridad de los excombatientes de esta organización en otrora, subversiva. El clima de violencia se ha vuelto a recrudecer en varias localidades que en otrora gozaban de un remanso de paz.
Igualmente, los líderes sociales, siguen siendo objeto de los grupos delincuenciales que han seguido desarrollando las actividades del narcotráfico y otras expresiones de violencia terrorista, que están afectando el bienestar de las familias que residen en dichos territorios. Al defender el interés colectivo en asuntos críticos como la protección del ambiente están tratando de forjar, a riesgo de morir, un mejor futuro para toda Colombia.
Al defender el interés colectivo en asuntos tan críticos para el futuro como el ambiente o el auge del narcotráfico están tratando de forjar, a riesgo claro de perder su vida, un mejor futuro para toda Colombia. Protegerlos no puede tener color político.
Se sigue respirando un ambiente de inseguridad en las regiones del país. La sociedad colombiana quiere respirar un ambiente de paz. Se deben contrarrestar estos ambientes de violencia, para que se no se vuelvan a presentar esos escenarios de afujías y temores, por la presencia de las organizaciones subversivas, que, en otrora, tuvieron aterrorizados a la población civil y por los permanentes enfrentamientos que se presentaban con el aparato militar del Estado.
Debe reiterarse: aunque necesarias en muchos casos, las medidas de protección hoy adoptadas están lejos de ser suficientes. El camino es el de la protección colectiva, que no es otra cosa que garantizar una presencia estatal integral en aquellas zonas que están en la mira de los grupos armados mafiosos.
