Viva Colombia
Por Margarita Suárez Trujillo
La derrota de la Selección Colombia ante Japón nos dejó tristes pero esperanzados en que le podemos ganar a Polonia y a Senegal y pasar a la siguiente ronda. Ya con Zapata, Abel, James y Mina en buen estado físico, la disputa futbolera será a otro precio. De otro lado seguimos celebrando la alegría que nos produjo el resultado electoral con la victoria de Iván Duque, un hombre que al igual que nuestra Selección Colombia está dispuesto a jugársela por el país. Tiene juventud, conocimiento, honestidad y una hoja de vida limpia y brillante que nos llama a la esperanza, sobre todo después de oír su equilibrado discurso de victoria. El proceso electoral nos mantuvo en vilo porque era mucho lo que había en juego. En especial el peligro que Colombia se convirtiera en otro Cuba o Venezuela. Las personas que vivimos la época de los asaltos y masacres del M-19, como el del Palacio de Justicia, el secuestro y asesinato del líder sindical José Raquel Mercado y el de nuestra gran amiga, la huilense Gloria Lara de Echeverry, teníamos motivos más que suficientes para temer que una persona acostumbrada al delito y a la mentira, a codearse con estafadores, falsificadores y narcotraficantes para adelantar sus fechorías, pudiese llegar a desbaratar nuestro país. Aún recuerdo la toma a sangre y fuego de la embajada de la República Dominicana en 1980. Yo era compañera de Guillermo Franco, el periodista que los guerrilleros del M-19 hicieron poner en calzoncillos para poder acercarse a brindar ayuda humanitaria a los 16 diplomáticos que se encontraban secuestrados. La presión internacional al presidente Turbay Ayala lo obligó a aceptar una negociación con el M-19 y los colombianos impotentes tuvimos que
ver por televisión a los guerrilleros muy sonrientes, subiendo a un avión con sus alforjas llenas ($3 millones de dólares), rumbo a Cuba, donde los rehenes fueron liberados y los terroristas asilados. Y ni hablar de la toma del Palacio de Justicia cinco años después, en la cual los del M-19 pensaron que el gobierno de Belisario Betancur iba a volver a morder el anzuelo de la negociación. Como no fue así, el asalto dejó 98 muertos, entre ellos 11 magistrados. Gracias a Dios en estas elecciones triunfó la razón.
