Viejos y nuevos partidos políticos en Colombia
En Colombia los viejos partidos políticos surgidos a comienzos del siglo pasado y heredados de la Republica mantuvieron el poder y dominaron durante casi un siglo. La historia de violencia y muerte inició entre los partidos Partido Liberal y Conservador y se prolongó hasta el inicio del Frente Nacional donde acordaron alternarse los periodos para mantener el statu quo, impidiendo que otras fuerzas alternativas accedieran a los espacios de gobernabilidad. A finales del siglo pasado aparecen agrupaciones derivadas del Partido Liberal y Conservador con matices distintos pero siempre manteniendo la misma ideología. La izquierda y los sectores alternativos que nunca han estado en el poder también tuvieron sus partidos que hoy tienen presencia, pero del cual surgieron otros movimientos y tendencias con el fin de presentarse en las elecciones, conquistar esas posiciones y demostrar que se puede gobernar. Este análisis más profundo no lo permite este espacio tan reducido.
La pregunta que debemos hacernos los colombianos es ¿por qué tanta apatía con los partidos políticos? ¿Por qué nadie se siente representando en ellos? ¿A quiénes representan los partidos políticos: a sus militantes, simpatizantes o a capas más amplias? ¿Por qué los candidatos insisten en inscribirse por firmas antes que por los partidos existentes? Las causas y las razones saltan a la vista y no hay que hacer esfuerzos para determinar que hoy la verdadera crisis está en la falta de agrupaciones políticas que tengan ideología, buenas prácticas y sobre todo que sus militantes ejerzan con lujo de detalles los cargos para los cuales fueron elegidos. Esto ha pasado sobre todo en los partidos de derecha y menos en la izquierda que poco ha gobernado, salvo la excepción del Polo Democrático Alternativo que salió mal librado durante la administración de Samuel Moreno Rojas en Bogotá.
Lo grave del asunto es que los partidos poco les importa su transformación porque son empresas electorales, solo aparecen durante las elecciones, en los trámites formales y legales ante el Consejo Electoral, pero su trabajo al lado de la gente y la defensa de las necesidades, los partidos desaparecen. El interés de los partidos solo es despertado y liderado por quien aspire a una elección o nombramiento en un cargo. Se perdió el sentido y la función de los partidos políticos en la sociedad, porque sus máximos dirigente terminaron utilizándolos para sus propios y mezquinos propósitos.
La proliferación de candidatos que insisten en inscripción por firmas demuestra de un lado que la crisis de corrupción, los vínculos con la violencia y postración también abarca a los partidos políticos, pero ratifica la incapacidad de las propias organizaciones a deslindarse de esas malas prácticas que contribuyen a su descredito. El reto entonces es saber si el surgimiento de las nuevas plataformas políticas nacionales y regionales serán escenarios para la ampliación y profundización de la democracia o por el contrario caerán en las mismas acciones de desprestigió en las que hoy está sumido el país.
