jueves, 02 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-01-26 10:14

Vida campestre y conflicto ambiental

Escrito por: Álvaro Hernando Cardona González
 | enero 26 de 2020

Debería ser una obsesión nacional rescatar la misión primordial del Derecho de precaver y prevenir los conflictos. Colombia está harta de tanto conflicto. Muchos de ellos son resultado de las malas y provisionales decisiones que se tomaron sin idear y planificar el futuro.

Por no planificar el campo hoy están brotando pleitos entre quienes se dedican a actividades agropecuarias, mineras o incluso petroleras, y quienes han comprado o destinado predios rurales (generalmente pequeños) al descanso familiar construyendo casas campestres. Y eso porque los segundos consideran que los olores, residuos o vectores biológicos que provienen de las primeras actividades los afectan o incomodan.

En departamentos como Antioquia, todos los del Eje Cafetero, el Huila (San Agustín y Rivera, por ejemplo), Cundinamarca o Boyacá, entre otros, están proliferando estos conflictos. Crecen en número y gravedad. Mucho de la campaña que torpes emprendieron sobre el eslogan “agua sí, minería no” nace de esta problemática.

Por supuesto no nos estamos refiriendo a afectaciones ostensibles producto de actividades industriales, aunque de una vez advertimos que también algunas de estas se están visibilizando porque sin control o por corrupción, las autoridades municipales han permitido que se construyan casas campestres y fincas de recreo cuando no se podían cambiar los usos tradicionales agropecuarios. Nos estamos refiriendo a las ubicaciones de casas campestres cerca de actividades que naturalmente generan olores, vectores y vertidos indeseables como galpones de cría de pollos, conejos o similares, estructuras para levante de ganado bovino, caprino o porcino, incluso también en proximidades de plantas de tratamiento de aguas residuales o de aprovechamiento y disposición de residuos sólidos. Y a las construcciones de estas en sitios que presentan riesgos de deslizamiento o no cuentan con disponibilidades de servicios públicos. 

Incluso, en un artículo titulado No Sigan Urbanizando el Campo, escrito por John Elvis Vera Suarez y publicado por el magazín digital MiPutumayo también se informa de la construcción de viviendas campestres suntuosas que han traído el encarecimiento de las tierras con pérdida del atractivo en la producción agropecuaria. “Tierras que deberían dedicarse a la producción alimentaria y la conservación de entornos naturales, son hoy empleadas en lujosas urbanizaciones que no generan riqueza social y bienestar para la comunidad”.

Ni a los gobiernos, ni al Congreso, se le ha ocurrido que llegó la hora de limitar los fraccionamientos del suelo rural, al menos hasta el límite de las unidades agrícolas familiares.