Vergüenza opita
Por Fernando Bermúdez Ardila
El departamento del Huila indudablemente es una región privilegiada, no sólo por su ubicación estratégica a sólo cuatro horas de Bogotá, sino por ser estrella vial de cuatro departamentos y tres países. Su legado milenario, maravilloso, sorprendente, fascinante, místico y misterioso, qué heredaron de las culturas prehispánicas, entre ellas la más conocida: la de San Agustín, ubicada en el municipio de su mismo nombre y que se extiende por una vasta región de San José de Isnos y otras localidades en el sur del departamento.
Es importante destacar que el municipio de Rivera, en los últimos tiempos, se han realizado hallazgos de similares características arqueológicas que ninguna importancia ha merecido a las autoridades municipales, departamentales y nacionales, lo que en otras partes o países no pasaría desapercibido; sería motivo de orgullo y exposición al mundo entero.
Pero no sólo la herencia arqueológica, hace parte de su invaluable riqueza, sino también la biodiversidad, que fue, en exceso, generosa con estas tierras. Como fiel prueba nuestro departamento cuenta con todos los pisos térmicos, con una variada geografía. Bellos desiertos, valles y montañas hacen parte de un entramado que envidiarían muchos países del mundo. Lugares como el estrecho del Magdalena, cascadas indescriptibles, el imponente desierto de La Tatacoa, el fascinante Río Grande de la Magdalena con cerca de 70 islas que serían la delicia para el turismo internacional.
No puedo dejar de mencionar que todas las grandes ciudades del mundo, han nacido, crecido y desarrollado frente a los ríos, creando empresas de desarrollo fluvial, con una amplia navegabilidad; sin embargo, y curiosamente, el departamento del Huila le da la espalda impidiendo que su desarrollo natural busque el cauce a un emprendimiento económico. No menos importante son las obras hechas por el hombre como la represa de Betania y el Quimbo, qué si bien están hechas en contra de la voluntad de los lugareños, debe apreciarse su majestuosidad para que emprendedores se apropien, en el buen sentido de la palabra, e inicien proyectos hoteleros, deportes náuticos, restaurantes, bares etc.
La pobre, mediocre y negligente gestión de congresistas y gobernantes a lo largo del tiempo, hacen inviable la explotación de grandes generadores de divisas para los países que quieren diversificar su economía en torno al turismo.
Por lo tanto se deben crear las condiciones para desarrollar empresas que fueron heredadas y creadas hace milenios como regalo que la naturaleza nos entregó.
Para que el departamento del Huila sea viable en el sector turístico, cómo gran generadora de riqueza y empleo, que sea orgullo, no sólo de los opitas, sino también de todos los colombianos, es necesaria la creación de infraestructura, vías de acceso, generación masiva de publicidad internacional, y una voluntad política turísitica decidida y efectiva.
Puedo imaginarme ya, visitantes de todo el mundo navegando en hermosos planchones y barcazas, lanchas, y pequeños yates de lujo, disfrutando del aire que brinda el Río Grande de la Magdalena, visitando las hermosas islas, su vegetación casi nativa, restaurantes en la ribera del río, bares exclusivos, un lugar de ensueño de donde nadie quisiera partir.
Pero es una realidad y el sueño que han tenido por mucho tiempo los habitantes de San Agustín, Pitalito, San José de Isnos, las veredas y sus lugareños, que se construya y se adecué debidamente el anillo turístico del sur; promesas incumplidas y desilusiones año tras año y elección tras elección de congresistas gobernadores y presidentes.
Quien quiere visitar una región cuando sus vías en pleno siglo XXI son trochas dignas de caballos de herradura de comienzos del siglo XX.
¿Cómo vender una riqueza ancestral y las maravillas de la naturaleza?…
