martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-02-26 01:17

Venezuela: el diálogo, no la guerra

Escrito por: Israel Silva Guarnizo
 | febrero 26 de 2019

Una ofensiva que pretendía el 23f derrocar al presidente Nicolás Maduro, terminó dejando al descubierto qué tan equivocados están los que quieren salidas de guerra para la solución de los conflictos nacionales e internacionales. Se ha repetido una y mil veces: la violencia genera más violencia, no soluciones. EE. UU. y Colombia han montado con el apoyo de algunos gobiernos estrategias que lejos de encontrar soluciones alimentan la crisis humanitaria en una nación que por siempre serán nuestros hermanos. EE. UU. usurpando sus poderes le robó al gobierno venezolano los dineros producto de la venta del petróleo a los gringos, al igual que la empresa que realizaba las labores de refinería, lo propio hizo Inglaterra con el oro depositado. Estas decisiones rayan en el total abuso de un imperio que dice perseguir la libertad, la democracia y la legalidad. Estados Unidos hace actos peores de los que se condenaba a Maduro por expropiar la propiedad privada. Son ellos los que ahora se abrogan el derecho de hacerlo.

  1. UU., Colombia y otros países pisotean las mínimas normas de respeto a convenios y protocolos sobre la asistencia humanitaria. La Organización de las Naciones Unidas ha definido hace mucho tiempo en el mundo quiénes deben ejercer las acciones de emergencia en casos de crisis humanitarias por razones de conflictos armados nacionales, internacionales o hechos provocados por la naturaleza. Estas organizaciones son el Comité Internacional de la Cruz Roja, la Media Luna Roja y la Cruz Roja Internacional. Desconocer como lo han hecho en el caso de Venezuela es darle una bofetada al irrespetar y actuar con bajeza en el reconocimiento de las normas internacionales. Son estos organismos bajo sus estudios, análisis y presencia en campo los que determinan las características de crisis humanitaria. Su actuación está determinada y emana de las organizaciones multilaterales no de acciones unilaterales de los gobiernos como en este caso se pretendió hacerlo. De ahí que la tan mencionada “ayuda humanitaria”, terminó siendo una estrategia de guerra que al final fracasó. La verdadera ayuda humanitaria en el mundo goza de la neutralidad, imparcialidad e independencia y para ello debe ser aceptada por el gobierno. Cualquier otra acción es intromisión, injerencia, agresión.

Reconocer a un presidente que se autoproclama sin el más mínimo requisito de legalidad y legitimidad es omitir las normas internacionales que los propios estados han construido en el seno de Naciones Unidas, para la convivencia y la coexistencia a pesar de las diferencias ideológicas, económicas, políticas y culturales. Utilizarlas a su conveniencia es prepotencia, arrogancia, dominación y de eso EE. UU. es el campeón. El subpresidente Duque habla de impulsar su programa de gobierno bajo la legalidad pero sus actos dicen todo lo contrario, lo que estimula es la ilegalidad y detrás de ella la violencia. La plataforma mediática de los principales medios de comunicación nacional confirmó nuevamente su dependencia al poder.

Fracasado el intento de derrocamiento de Nicolás Maduro, la solución a los problemas internos debe y tiene que ser entre venezolanos.


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