miércoles, 08 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2018-10-24 01:14

Venezolanos en Neiva

Escrito por: Jesús Andrés Vargas
 | octubre 24 de 2018

Olvidada, casi escondida y en muy mal estado, en pleno centro de Neiva existe una placa que conmemora la fecha en que el venezolano más famoso de todos los tiempos pasó la noche en la capital opita con rumbo hacia el sur , mientras seguía gestando las campañas libertadoras en Sudamérica. Simón Bolivar es considerado el padre de la patria, un colombiano más, olvidándonos muchas veces, que el libertador fue ante todo un venezolano, de Caracas para ser exacto.

Lamentable es la suerte de esta placa conmemorativa, ubicada en la calle novena entre carreras 5 y 6, pero más lamentable es el presente de muchos venezolanos que a diferencia de Bolivar, son invisibles a los ojos de muchos.

La inmigración de los habitantes del vecino país  tal vez no sea nada nuevo, y es probable que muchos ya estemos acostumbrados a que, a pesar de que nos encontremos a cientos de kilómetros de distancia de la frontera con Venezuela,  su acento y su gorra tricolor con las estrellas ya hacen parte del día a día.

Lo llamativo de esta penosa emergencia humanitaria, es que desde hace unos días, la ola migratoria al menos la más evidente, aquella que se ve en los semáforos, ha crecido de manera significativa.

Como pasa en toda sociedad, aquellos que se ven obligados a huir de su país lo hacen por los medios que tienen a su alcance, así pues, los que tenían dinero y una profesión pudieron planificar su salida con antelación, y ya se encuentran asentados y asimilados dentro del país, ya sea trabajando o incluso generando empresa. Por otro lado tenemos a las personas mas pobres que han debido salir por física miseria, debiendo muchas veces atravesar los caminos a pie, con niños en brazos, mujeres en embarazo y ancianos.

Eso decía un venezolano con un cartel en un semáforo, a quien le pregunté su procedencia y el por qué llegaron hasta acá. “Vinimos del estado Anzoategui, la situación está difícil allá, vamos hacia Chile”. Estas caras han desplazado a los tradicionales personajes que generalmente se apropian de la pausa del semáforo para ofrecer algún dulce, lavar vidrios, o hacer acrobacias con fuego.

Hasta ahora creo que como colombianos, apenas hemos podido ojear lo que se siente ser víctima del conflicto en tierras extranjeras, no creo que exista ningún recelo o una marcada discriminación racial, es mas que todo indiferencia, la misma que hemos tenido los habitantes de las urbes frente a aquellos menos favorecido que han huido del terror que se ha vivido en el campo.    

Indigenas, afrodescendientes, madres cabeza de hogar, todos ellos han ocupado el mismo espacio en las calles que estos vecinos que hoy llegan en masa a las ciudades, como si alguna mafia los usara para lucrarse y luego llevárselos a otro lugar, y así lucrarse de la miseria humana.


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