Una sociedad enferma
Por Monseñor Froilán Casas
No cabe duda que en términos de la técnica y de la tecnología, ha habido una acelerada y positiva evolución. Los avances en la ciencia, especialmente en la medicina y la informática son afortunadamente grandes. En comunicaciones se ha avanzado tanto que con razón afirmaba el sociólogo canadiense, Herbert Marshall Mc Luhan, el mundo se ha convertido en “una aldea global”. La esperanza de vida ha aumentado, hasta el punto de precipitar un colapso social: la carga pensional. El crecimiento de la población, no va en proporción al número de jóvenes y al número de viejos. Los jubilados crecen a pasos agigantados, vamos hacia una catástrofe social. En el aspecto cultural, la evolución no ha progresado de igual manera; pareciera que la tecnología ha avanzado en progresión geométrica y la cultura en progresión aritmética. Vea usted algunas muestras de la trasmutación de los valores en términos de ética y moral: hemos pasado del amor a los niños, al amor a las mascotas; del amor y respeto a la vida humana en proceso de gestación, a defender el “derecho” al aborto; de la diferencia natural de los dos sexos, a buscar una uniformidad sexual en línea de ideología de género; de los niños nacidos en un hogar a niños probeta y al cambio de la familia natural de padre y madre, a una “familia” en donde dos varones o dos mujeres se unen y exigen “el derecho” a adoptar. ¡Qué descaro! Ahora las mascotas determinan el diseño de la casa; el teléfono móvil ha sustituido el diálogo personal, ya ni en las oficinas los empleados tienen tiempo para atender a los usuarios. Ahora los padres no ejercen la patria potestad, ahora son “amigos” de sus hijos. Las reglas de convivencia la establecen los niños, los padres se han convertido en jurados de piedra. Los calificativos morales han cambiado, se repite lo anunciado por el profeta Isaías: se le llama a lo amargo, dulce y, a lo dulce, amargo. El pecado no existe, es una expresión vetusta que está llamada a recoger. Los predicadores no predican el infierno, porque se “traumatizan” sus oyentes. Esto se ha vuelto la ley de la jungla: gana el más fuerte. La defensa de los derechos individuales ha opacado y casi negado los derechos colectivos. El mal llamado desarrollo libre de la personalidad ha sacado de raíz todo código ético. Hoy está prohibido prohibir. El Estado ha irrespetado la sacrosanta intimidad de la familia, vulnerando el derecho natural de los padres a formar a sus hijos. Los padres de familia se han vuelto tan permisivos que se dejan gobernar por los hijos. Los hijos de hoy solo piden, no ofrecen. Pregunto: ¿quién los ha formado así? Los hijos no se parecen al vecino. No olvide que lo que siembra hoy, mañana lo cosechará. La sabiduría popular nos dice: cría cuervos y mañana te sacarán los ojos. Paulo Coelho nos dice una frase muy sabia, aplicada a los hijos malcriados: cuando Dios quiere enloquecer a alguien, lo complace en todo. Sin un código moral de convivencia, la humanidad camina hacia su autodestrucción. Le puede llegar la hora veinticinco.
