Una sociedad austera
Por Froilán Casas
****Obispo de Neiva
El mundo cambió inesperadamente. Nunca nos imaginábamos lo que estamos viviendo. Hemos conocido, través del estudio: desastres que dejan las guerras; hambre, pobreza y miseria, las epidemias; desempleo y pobreza que dejan las desordenadas políticas fiscales, la corrupción del Estado y el despilfarro de los presupuestos; pero, nunca creíamos que una pandemia, -porque por primera vez ataca a todo el planeta-, nos tiene tan angustiados y consternados frete a las terribles consecuencias que puedan sobrevenir.
Creo que por tres o más años, la humanidad tratará de sobrevivir. Las consecuencias son terribles, ¡no las quiero ni pensar! Dios nos libre de tanto dolor.
El futuro que viene es un futuro de austeridad: exige optimizar los recursos hasta el máximo. Por un tiempo: ¡adiós sociedad de consumo! Las señoras llenas de bolsas saliendo de los grandes centros comerciales, lo veremos en películas. Ahora a comprar lo estrictamente necesario.
El planeta no estará tan contaminado. Todo lo superfluo y lo que habíamos declarado como necesario, ¡al traste! ¿Dónde está la ropa de marca? ¡Ah, tantas necesidades que nos habíamos creado! Los niños malcriados y superficiales, maleducados, exigentes y zánganos: desaparecerán por algún tiempo. Ahora sí se van a valorar las cosas.
Por un tiempo, ignorados los ídolos: del fútbol, los divos de la música, de la farándula, del espectáculo. La gente ya no tiene dinero para pagar boletas de precios astronómicos. ¿A dónde se han ido los grupos rock y metal? Y me pregunto: ¿a dónde han marchado las religiones de la prosperidad? El trueque es: dé diez y recibirá veinte, ¡qué buena ecuación con exitosos resultados!
Señores predicadores: ¿cuál es su discurso ahora ante el hambre y la miseria que vivimos?, -parece que el “Cristo comercial” ya no pega en sus oyentes-. Si el secreto de las bendiciones de Dios es la prosperidad, ahora, ¿en qué quedan sus diatribas y peroratas?
Tienen que cambiar su discurso so pena de quedar sus salones del reino, vacíos. La cultura que empezaremos a vivir mañana estará marcada por la AUSTERIDAD. ¡Cuidado con gastar más de lo necesario!, -corre el riesgo de sufrir hambre mañana-.
Las terminales aéreas, marítimas, férreas y de buses que hasta ayer estaban atiborradas de gente, hoy las encontraremos parcialmente vacías. Creo que vamos a manejar con disciplina los recursos naturales. ¿Cómo veo las playas? Parcialmente vacías. Y, ¿los templos de nuestras comunidades cristianas? Por el momento vacíos, cumpliendo los protocolos sanitarios que son necesarios.
En un año, Dios mediante, estarán llenos. El hombre sin espiritualidad es un cadáver ambulante. Qué bueno leer en este tiempo al gran sicoterapeuta austríaco que superó la barbarie de Auschwitz y Dachau, Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido. Definitivamente, sin un principio trascendente, la vida no tendría sentido.
Al padecer la maldad del hombre, no hay alguien a quién acudir para buscar protección sino a Dios. Permítanme afirmar que cuando el hombre se cree Dios se vuelve la fiera más feroz de la jungla humana. ¡Qué pena decirlo! El sufrimiento que padecemos no lo ha creado Dios: detrás de todo esto hay ciencia sin ética o hay maldad humana. Nada viene por arte de magia.
