viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-10-16 02:53

Una moral por los pies

Escrito por: Froilán Casas
 | octubre 16 de 2019

Este es un país disfuncional y, sin embargo, “funciona”. Nos hemos acostumbrado tanto al mal, a la inmoralidad que ya nos parece todo normal. Es normal que en los vehículos públicos tengan asiento las mascotas y los niños sean asesinados en la vida intrauterina. El que tiene mentalidad de esclavo, necesita al verdugo para cumplir con la tarea asignada. Lo anormal se ha vuelto normal.

Es la trasmutación total de los valores. La naturaleza del loro y de tantas otras aves es volar; si les cortamos las alas y después de algún tiempo se las dejamos crecer, cuando los liberamos de la jaula, ya no podrán volar, les quitamos su naturaleza y ellos se acostumbraron a ello.

La desfachatez en la inmoralidad es tan colosal que ya nos familiarizamos con ella, haciéndola parte de nuestra naturaleza. ¡Qué horror! Es como cuando nos toca someternos a un olor fétido, llegaremos a acostumbrarnos tanto a la hediondez, que el aire puro nos fastidia.

Este es un país cochino, por todas partes encontramos ollas podridas. ¡Tantas leyes y no pasa nada! Los líderes hablan de honestidad y ¿dónde está la honestidad? Tal vez falta una dictadura transitoria pues no hemos querido entender la hermosura de la democracia. Como que la buena vida cansa y la mala amansa. ¿Por qué tiene que venir la dictadura del proletariado para imponer con sangre sus propios esquemas de gobierno? Tenemos una mentalidad nefasta. Nos dan la mano y nos tomamos el pie. Como que en el fondo nos gusta que nos controlen, que haya un policía al lado para que la vida funcione. En un gobierno débil, gobiernan los más fuertes; en un gobierno fuerte, gobierna la ley.

La democracia para que perdure debe hacer cumplir las leyes: un buen Código de Policía, un buen Código Laboral. Por favor, las leyes son para cumplirlas, si no, suprímanlas. La impunidad es el mejor caldo de cultivo para que campee la delincuencia. En esta cultura de solos derechos, los deberes los cumplimos los ilusos y románticos.

Este es el gobierno de los librepensadores, -sí, los otros tenemos castrada nuestra mente, sólo ellos piensan libremente, los demás somos unos tontos-, de los libertinos, de los que irrespetan las cebras, se cruzan los semáforos en rojo, entran por la salida y salen por la entrada, conducen por la izquierda y se toman todo el carril.

Eso y mucho más y, … no pasa nada. En los gobiernos enclenques sufrimos los honestos y cumplidores de la ley. La cultura del, “¿usted no sabe quién soy yo?” lidera el colectivo social y cultural. ¿Quién nos cambiará? Por favor, las leyes son para cumplirlas, si no, recójanlas. Si no respetamos unas reglas de convivencia, entonces se aplica la frase de Plotino y repetida por Hobbes: “El hombre es un lobo para el hombre”. Es decir, el pez grande se come al chico, este es un capitalismo salvaje y denigrante. La dictadura del proletariado está atisbando ante este caos social. Y, en río revuelto, ganancia de pescadores. La gente desesperada vota por los mesías que les ofrecen el oro y el moro.