Una menos
Mayra Zambrano renunció a su calidad de Concejal de Neiva y sin ella, de los 17 concejales de la ciudad, sólo una concejal queda en pie dentro de la Coporación edilicia. La profesora Leyla.
La votación obtenida por Mayra no es nada despreciable, más de 1700 votos en favor de la veterinaria de profesión.
¿Su caballito de batalla?, precisamente los animales, su protección y defensa, plataforma bastante atractiva que le generó la simpatía de la comunidad animalista de la ciudad que es cada día mayor.
Pero queda más que demostrado que en la política no sólo se puede llegar con una buena idea sino con habilidades y destrezas que los viejos zorros en la política se jactan de tener.
Desconociendo los motivos precisos de su renuncia es apenas lógico que lo hiciera: Es una mujer afable, de buenas intenciones pero también de intervenciones tímidas, muchas veces pasaba por desapercibida.
No será la primera persona en llegar a la política con una sonrisa en la cara y unas ganas inmensas de ayudar a la comunidad que termine totalmente decepcionada como muy probablemente le pasó a ella, pero las consecuencias de su renuncia son graves y van más allá de una crisis partidista cómo la que se vive en el interior del partido verde de la ciudad.
Es lamentable que las mujeres neivanas se encuentren tan escasamente representadas dentro de la Corporación. Con la partida de Mayra, llegaría como reemplazo la persona de su partido que le siguió en número de votos, en este caso un hombre, mermando porcentualmente la participación femenina a cifras de un solo dígito.
Con su partida, se va la escudera fiel del alcalde Lara y se termina de resquebrajar su partido, siendo la bancada más desunida dentro del Concejo.
¿Quiénes ganan? Desafortunadamente las viejas maquinarias, cómodamente sentados en sus curules, muchos de ellos por décadas y el ex candidato, pre-candidato y futuro candidato quien debe estar más que feliz por tener nuevamente presidente en el Concejo.
Para colmo de males, la profe Leyla afronta una investigación disciplinaria en la Procuraduría por defender el medio ambiente. ¡Así no se puede ¡.
En definitiva, Necesitamos más mujeres en la política con un estómago fuerte para aguantar las arcadas que genera la podredumbre dentro de estas corporaciones, pero a la vez valientes y con ganas de hacer el cambio, pero no basta con decirlo, siendo yo hombre mucho me temo que en política, quienes menos confían en el género femenino para ocupar cargos de elección popular, son las mismas mujeres.
La corrupción no distingue sexo, pero el debate sería más enriquecedor e interesante con una mayor participación femenina, eso sí, por mérito y no por cuotas.
