jueves, 02 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-02-19 03:17

Un país descuadernado

Escrito por: Froilán Casas
 | febrero 19 de 2020

 

¡Qué horror! Nos hemos acostumbrado a hacer las cosas mal y esto lo vemos normal. Un acto cruel que puede adormecer la conciencia, hasta el punto de llegar a aprobar las más nefastas aberraciones. Los aztecas, por ejemplo, veían normal, sacrificar hombres al dios sol, extrayéndoles el corazón con el aplauso y el jolgorio de los asistentes. Guardando las proporciones, a nosotros nos pasa algo igual. Nos hemos habituado tanto a la corrupción  que ya nos parece normal: obras inconclusas, pésima atención en las oficinas del sector público y privado, gastos suntuosos, abismal desproporción entre los gastos de funcionamiento e inversión; las vías, un desastre; los servicios hospitalarios, todo un calvario; la salud, con filas interminables; las instituciones educativas, en paros permanentes; muchos pillos, siguen sacando pecho en cargos públicos y, todo, como que no pasa nada. En las campañas electorales los discursos condenando la corrupción son abundantes y, en llegando al poder, ¿dónde están las promesas? La situación sigue la misma con los mismos. La cleptomanía hace metástasis por todas partes. ¿Dónde están los entes de control? Me pregunto, el mal es tan poderoso que es imposible  abordarlo o, es como un pulpo con tantas cabezas que es imposible controlar todos sus frentes. Nos hemos acostumbrado  a que nos atiendan mal, que los funcionarios,  los cambian a cada momento para satisfacer demandas electorales y que no tienen ni idea del servicio que prestan; nos acostumbramos a que nos envíen de Herodes a Pilatos y ninguno nos da solución. Nos acostumbramos a transitar las pésimas vías que parecen cráteres, a hacer grandes filas en la demanda de los servicios de salud, a encontrar en paro las instituciones educativas o de justicia, etc. ¡Un caos total!; ¡qué paradoja! Y, sin embargo el país “funciona”. ¿Quién gobierna aquí, el más fuerte? La movilidad vehicular es un desastre. Cada uno estaciona en donde le da la gana y no pasa nada; aparecen atascamientos que parecen nudos gordianos y no aparece un policía ni para un  remedio. Saben ustedes ¿cuál secretaría de las dieciséis que tiene el municipio de Neiva podría dar más utilidades económicas? Sencillamente la Secretaría de Movilidad. Mire usted, si se aplicaran los comparendos sin dilación, cada día recibiría la tesorería de la mencionada Secretaría una jugosa suma de dinero, -dinero que podría utilizarse en el mantenimiento de las vías, ¡qué desastre!-. Aquí existe una mentalidad anárquica, este es un pueblo indómito, cada uno hace lo que le viene en gana, ¿cuál Código de Policía? Las normas son letra muerta, se infringen, se violan y no pasa nada. ¡Qué autoridades tan permisivas y complacientes! Así que, el vivo vive del bobo: la ley del salvaje Oeste. ¡Ah! Quéjese usted y verá que sale judicializado. Será mejor seguir la línea del estoicismo: aguante, aguante, aguante. Pero, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Parecemos una manada de lobos hambrientos, cada uno luchando por su presa, ¡ah, claro! Mueren los más débiles. Esta es la ley de le Selección Natural según Charles Darwin. Entonces, ¿qué vamos a hacer? Padecer la cultura de la tiranía del más fuerte.