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Opinión/ Creado el: 2020-08-22 02:36

Un mundo sin pobres, feos, gordos y viejos

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 22 de 2020

Por Carlos Andrés Pérez Trujillo

La Corte Constitucional colombiana ha repetido muchas veces en sus sentencias que la dignidad es aquella que se cimienta en concebir el ser humano no como un medio, sino como un fin en sí mismo.

Pero lo que diga la Corte no importa en este país de atarbanes. ¡Todos los días atacan a la dignidad! Y se puede hacer bien poco, pues una inmensa mayoría da por hecho que muchas cosas se deben hacer así, porque siempre se han hecho así, así estén mal. Por ejemplo: linchar a un delincuente y celebrarlo, es más, justificar su muerte. A ese nivel hemos llegado.

Hay otra forma de atacar la dignidad del semejante y es discriminándolo por su apariencia física. Ya Fernando Gaitán lo advirtió en ‘Betty, la fea’. Esa puesta en escena del mundo de los feos demostró una verdad silenciosa que todos los días se teje en los callejones de la indiferencia. Tal vez por eso Amaranta Buendía, tuvo tantos resentimientos y soledades (o mejor, frustraciones). Murió sola y con una extraña belleza oculta tras su aparente fealdad.

Pero ahora, por cuenta del Covid, a ese mundo de los ‘feos’ se suma el de los pobres, gordos y viejos. Expertos de Fedesarrollo consideran que la pobreza pasará de un 26% a un 38% este 2020, es decir, unos 19 millones de colombianos padecerán este mal. Las vidas de ellos ya no importan. ¡Claro que importaron!, cuando ofrecían fuerza de trabajo. Ahora no tienen bienestar ni dinero, aunque han trabajado toda la vida.

Tal vez Kafka en la Metamorfosis se supo adelantarse a esa sociedad  indiferente que redujo a un bicho rato, a un insignificante animal encerrado en cuatro paredes, a aquella persona despreciada, olvidada y sin trabajo en una sociedad. Ahora muchos son un Gregorio Samsa.

Pero ellos no estarán solo en esa tula de indolencia,  allí también han querido incluir a los ‘gordos’. El virus además de confinarlos, los sentenció a la indignidad si tocaban un centímetro de calle. En Bogotá lo impensable ocurrió: un decreto les prohibió salir buscando ‘salvarlos’ del virus, pero nunca antes importaron. Entre tanto, la muerte y la pobreza han seguido su curso sin importar peso o riquezas…

Y por último, a los cerca de tres millones de viejos en Colombia les ocurrió lo mismo, se les tiene prohibido ser viejos y está mal que defiendan su dignidad. Ahora los señalan por su edad.

De acuerdo con los cálculos del Dane “Se espera que para el 2050, el total de la población sea cercano a los 72 millones, con una esperanza de vida ligeramente superior a los 79 años y con más del 20% de los pobladores por encima de 60…”. Ese 20%, nosotros, los de entonces, seremos ‘plato de segunda mesa’ como diría Lavoe.

Tal vez Wilde tuvo el instinto para advertir el cretino mundo del hedonismo y la superflua vanidad, donde no había espacio para la vejez. En El Retrato de Dorian Gray está presente el anhelo de una vida siempre joven, congelada en una obra de arte. De hecho siempre se ha puesto en entredicho la causa de la muerte de este escritor; consideran que su voluntad era no llegar a viejo.

¿Qué sería el mundo sin los viejos? Cervantes, por ejemplo, en sus últimos años de vida concibió El Quijote y murió intentando el éxito literario, sin ser consciente de su grandeza. El premio Nobel Saramago, escribió sus mejores obras siendo adulto mayor.  ¡Y qué decir de Daniel Defoe! Su obra, Robinson Crusoe, considerada la ‘Biblia’ inglesa del siglo XIX, la escribió entrando a su vejez.

La lista es larga. Entre tanto, ¡brindemos por la dignidad!