Un mal hábito
Por Juanita Escandón
No deben desconocerse los esfuerzos en materia de ley que se han gestado en los últimos años, con el fin de darle un trato especial a los casos de violencia de género. A pesar que la creación de una ley que tipificara estos delitos para ser investigados y castigados de forma autónoma, fuera una acción polémica y en si misma ‘discriminatoria’, fue a la vez un ‘antes y un después’ para que los colombianos reflexionáramos acerca de la cantidad, frecuencia y magnitud con la cual suceden.
Aunque la creación de esta ley y la visibilización de cada vez más casos de violencia parecen mostrar un cambio social ‘positivo’ gracias al rechazo frente a estos y la necesidad de empoderar a la mujer para evitar casos futuros, sigue siendo evidente el machismo que nos caracteriza como sociedad colombiana y que establece una desconexión entre lo que penaliza la ley y el obrar y el pensar de las personas.
El alcance que las redes sociales le dan a estos y a otros casos es una radiografía de nuestros problemas que como sociedad nos llevan a incurrir en el mal hábito de juzgar y culpar a las víctimas, responsabilizándolas de su suerte y obviando la responsabilidad del victimario.
Esto se hace evidente tan solo con leer las ‘opiniones’ de los lectores en artículos de los medios principales del país que informan acerca de los casos más recientes de violencia.
Un ejemplo de esto son las reacciones que se han provocado alrededor de la muerte de María Andrea Cabrera, una estudiante que de acuerdo a la información de su familia (y el dictamen de Medicina legal) no consumía ningún tipo de drogas y murió tras haber mezclado éxtasis y alcohol en una fiesta, levantando la sospecha de haber sido víctima de un homicidio.
Si bien el caso aún no ha sido aclarado, ha generado en Facebook todo tipo de reacciones de odio y rechazo; no a favor de ella sino en su contra, poniendo en duda su educación, su ‘autorespeto’ y develando el resentimiento social de algunos quienes le atribuyen a la posición social de la víctima, la importancia que se le ha dado al caso.
Estas reacciones nos distraen de reflexiones más importantes como la inseguridad a la cual nos vemos enfrentados los jóvenes a la hora de salir de fiesta, pudiendo caer en manos de delincuentes que adulteran las bebidas y emplean todo tipo de estrategias para robar, violar y en algunos casos asesinar a las víctimas.
En este y en otros casos de violencia, hemos sabido encontrar la forma de someter a las víctimas a este fenómeno en inglés llamado ‘blaming’ que consiste en culparlas, siendo este más común cuando se trata de violencia de género, como en el caso de Yuliana Samboní, en el cual se llegó a culpar a la familia por su ausencia y falta de atención hacia la menor en el momento que fue raptada.
Encontrar en todos los casos desde los más significativos hasta los más pequeños la forma de responsabilizar a la víctima, es justificar a los delincuentes, restarle a las autoridades el deber de garantizar nuestra seguridad y sobre todo seguir legitimando la violencia.
