UN ESTADO PAQUIDÉRMICO
¡Ah!, si hay cosa difícil de administrar es el Estado. El verbo administrar en estos contextos se traduce por complicar, cuando debe ser facilitar. Este es un país lleno de leyes para todo; estamos atiborrados de normas y cada funcionario, cada gobierno se inventa una. El ordenador del gasto público está amarrado, no puede agilizar la ejecución presupuestal, tiene encima un sinnúmero de leyes, decretos, resoluciones, costumbres, etc. Y de paso las IAS que consideran que todo funcionario es corrupto y no llegan a asesorar sino a condenar. Por favor, no todo funcionario es corrupto, partan de la presunción de inocencia. Además, quien controla, ¿sí tiene la suficiente autoridad moral? Por favor, no nos lavemos las manos. Considero a quienes tienen que ejecutar los presupuestos, encuentran miles de inconvenientes si quieren ser honestos. Sí, pero las obras se paralizan, obviamente los costos se trepan. Ordinariamente para participar en una licitación del sector público se inflan los precios, pues los pagos llegarán tarde y después de hacer múltiples antesalas. Cómo le parece que esos entes burocráticos que se han inventado para mantener la trasparencia como Findeter, Ocad, etc.; en cambio de facilitar los procesos administrativos, los complican. Ese centralismo nos tiene muertos. ¿Cómo es posible que los Señores alcaldes, gobernadores, tengan que desplazarse permanentemente a Bogotá para lograr la aprobación de su propia ejecución presupuestal? Y de paso deben buscar la “palanca” de un parlamentario, si pertenece al gobierno, mejor, para que el Señor ministro o director de un instituto descentralizado les atienda y, además, quedar altamente agradecido. Por favor, si trabajar es una obligación y, por otra parte, gracias a nuestros impuestos se les paga. Por favor, señor funcionario público, cumpla con su obligación constitucional. No hay país que tenga más normas que Colombia; sin embargo, es uno de los países de mayor corrupción del mundo. Países como Nueva Zelanda, Suiza, tienen pocas leyes y normas; la diferencia con nosotros es que allí sí se cumplen, hay cultura ciudadana, se tiene cuidado con lo público. En cambio, entre nosotros, lo que nada nos cuesta hagámoslo fiesta. ¡Qué despilfarro en el manejo de lo público! ¡Qué Estado tan ineficiente! Ojalá se achicara el Estado para que fuera eficiente. Los Estados totalitarios, como los regímenes comunistas, son arbitrarios y quien no pertenezca al partido, pierde su carta de ciudadanía. ¡Ah, sí! Dictadura del proletariado. No hay peor verdugo que aquél que ha sido esclavo. ¡Líbrame Señor de los resentidos sociales! Cuando no están en el poder son demócratas, pero, en llegando se vuelven los más crueles tiranos. El exceso de normas propicia la corrupción, como quien dice, entre más vacas, menos leche. A mi juicio y resulta más productivo en muchos aspectos, que el Estado le entregue a la empresa privada muchos servicios. El Estado debe atender la educación y la salud, lo demás que lo haga la empresa privada, obviamente con rígidos controles. Una empresa privada sin controles se vuelve la más vil injusticia social, ahí sí vienen los mesías comunistas y hasta con razón. Un funcionario es eficiente cuando maneja la ecuación: resultados alcanzados y optimización de los recursos existentes.
Froilán, obispo de Neiva
