miércoles, 08 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2018-06-06 12:48 - Última actualización: 2018-06-06 12:48

Un Dios gelatina

Escrito por: Froilán Casas
 | junio 06 de 2018

Cada uno quiere fabricar su dios a su imagen y semejanza. Un dios permisivo, un dios gelatina que se acomoda al recipiente que lo contiene. Yo creo en Dios, sí, pero que él no entre en mis negocios –claro, así me puedo enriquecer sin ningún parámetro moral-, sí, la moral soy yo, parafraseando al rey Luis XIV, “L’Etat c’est moi”. Hemos caído en un total relativismo moral. Cada quien fija los parámetros de su conducta, una moral de corte absolutamente individualista en donde cuentan solo los derechos individuales. Las normas sociales de convivencia, se han echado a la basura. Hemos llegado a una sociedad absolutamente anárquica, en todo, pero más en los valores humanos o morales. Hemos llegado a un dios caricatura, un dios que me aprueba todos los desmanes que hago, un dios que aprueba el aborto, el matrimonio entre homosexuales, -que se llame contrato social a esa convivencia, bueno, hasta allá, bueno, ¡qué podemos hacer!-, pero llamarse matrimonio a esas uniones, por favor, ¡tampoco!; un dios que me permite aceptar la ideología de género, o sea, el sexo es un fenómeno cultural, cada quien debe elegir su sexo, no frustrarle a los demás su manera de ser felices, se afirma sin ambigüedades. Quiero un Dios que no se meta en la política, por eso borramos el juramento en nombre de Dios, ahora se hace en nombre de la Constitución; es mejor meter a Dios en el cuarto de San Alejo, para que no nos “jorobe” la vida. Dios resulta un estorbo en esta ciudad secular. Decía el padre del sicoanálisis, Sigmund Freud, Dios es producto de una neurosis colectiva. Y qué decir de Nietzsche, Dios es “una bestia inmunda de sostiene una sociedad de esclavos”. Hay que superar al hombre, lleguemos al superhombre, un hombre sin Dios, cuyo dios es el mismo hombre. ¡Pobre Nietzsche, -ya estaba loco-! ¿Qué se puede esperar de un loco? Sí, hoy hay locos cuerdos y lo más grave es que hay idiotas que los siguen. Las sociedades que han puesto la felicitad solo en el bienestar material, como los llamados países nórdicos, son los que tienen el mayor número de suicidios en el mundo. Saquemos a Dios del corazón de los hombres y mañana tendremos una manada de bestias. El dios de la ciudad secular, -si es que lo tiene- es un dios alcahueta, todo lo aprueba, todo lo tolera. Hasta se “dan el lujo” de tatuarse con símbolos religiosos; las sectas satánicas pintan a un Cristo crucificado al revés. Hasta dónde se llega el irrespeto a Dios que en la moneda del coloso del Norte, aparece esta frase: In God we trust = En Dios confiamos. ¡Qué descaro! ¿Cuál Dios? El dólar. Muchos de los llamados cristianos tienen a un dios de ese talante; hasta lo invocan en sus negocios para cometer los más viles atropellos a la persona humana. ¡Ah! Al ojear la historia de la humanidad, se han cometido tantos vejámenes a la dignidad humana, en nombre de Dios, ¡qué horror! Para muchos el dios es el dinero y tienen el descaro de ponerle carátulas religiosas. ¡Qué cinismo!


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