miércoles, 01 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-08-05 04:51 - Última actualización: 2020-08-05 08:07

Un delito ser creyente

Escrito por: Froilán Casas
 | agosto 05 de 2020

¡Hasta dónde llega el odio a nuestras creencias! La Constitución de 1991 declara a Colombia un Estado aconfesional. A mi juicio, eso está bien. Por favor, distingamos un Estado laico de un Estado laicista.

Un Estado laico, respeta las creencias de sus ciudadanos; un Estado laicista, masacra las creencias de sus gobernados. En algunos, muy pocos por cierto, se constata un odio visceral a nuestras creencias. ¿De dónde acá le mutilan y le castran a un gobernante su pensamiento, sus creencias?

La carta constitucional en los artículos 19 y 20 garantiza la libertad de cultos y la libertad de expresión. Cómo es posible que un tribunal le exija a nuestro ciudadano presidente que se retracte de una frase lanzada por la plataforma twitter en donde invoca a nuestra Madre María, bajo su advocación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, con ocasión de su centésimo primer aniversario de su coronación, en donde le pide  que por favor, nos ayude a superar esta horrible pandemia del COVID-19 que nos agobia.

¿De modo que un gobernante no puede expresar públicamente su fe?  El hecho cristiano en Colombia no es un privilegio, es una realidad tangible, medible. Vean este dato: el 70% de los colombianos se declara cristiano católico; el 20% se declara cristiano simplemente; el 10% se declara ateo, agnóstico o de otras dominaciones religiosas. De modo que el 90% de los colombianos nos confesamos cristianos; solo el 10% no se declara cristiano, -obviamente ellos también merecen respeto, pero por favor, respeten nuestras creencias-.

Todos los países de cultura musulmana son teocracias políticas, la Sharia o ley coránica impregna los códigos civiles. ¡Qué tal que alguien allí denigrara del Corán! ¡Ah! Los cristianos hemos sido perseguidos en todos los tiempos y lugares.

Desde el sanguinario y loco emperador Nerón, pasando por Decio y Diocleciano, hasta llegar al edicto de Milán (año 313), corrieron ríos de sangre, sangre de cristianos que habían cometido el “delito” de profesar la fe cristiana. ¡Qué horror! Permítanme hacer un pequeño paneo histórico de la sangre derramada por profesar la fe cristiana. Cuando invadió cruentamente el Islam a la península ibérica, año 714 y hasta su expulsión en 1492, ¡cuánta sangre cristiana corrió por las tierras de España y Portugal! ¡Ojo! Fueron ellos que invadieron, no los peninsulares. ¡Cuánta sangre derramó la revolución francesa! Sacerdotes y religiosas fueron masacrados y todo en nombre de la libertad. ¡Qué sofisma!

En la llamada guerra civil mexicana, ¡cuántos llamados cristeros fueron masacrados por la tiranía reinante!  Qué no decir de la hoy república de Armenia, entre 1915 y 1918 el poder otomano cometió uno de los peores genocidios de la historia, el 80% de la población fue vilmente asesinada, todo por el delito de ser cristianos. Vayamos nuevamente a España, entre 1936 -1939, ¡cuántos ríos de sangre corrieron por la “madre patria”! Hace unos cuatro años estuve en una población de la provincia de Aragón, Barbastro; allí pude constatar uno de tantos casos escalofriantes: asesinaron con sevicia a trece novicios de la orden religiosa de los Claretianos, chicos entre 17 y 20 años, por el solo delito de ser religiosos cristianos.

+ Froilán, obispo de Neiva