Un año más?
La historia de la humanidad vive marcada por los acontecimientos que se suceden durante el transcurso del tiempo.
Desde que se conoció el calendario romano definido a partir del nacimiento de Cristo, hace ya más de 2000 años, se vienen acumulando las grandes realizaciones pero también las dolorosas tragedias que han caracterizado la historia de la humanidad enmarcada en la cultura occidental.
La terminación de un año y el comienzo del siguiente siempre generan expectativas, ilusiones y esperanzas que cada quien asume determinado por sus propias circunstancias.
El desarrollo científico y tecnológico así como el avance indiscutible en los aspectos económicos y sociales constituyen logros importantes que, al mismo tiempo, también generan confusión e incertidumbre. Hoy la mayor preocupación se centra en la supervivencia de la especie humana dada la permanente destrucción del planeta y la amenaza creciente sobre un conflicto bélico que pueda resolverse mediante el uso de las armas nucleares o la expansión de gases tóxicos capaces de producir la muerte de millones de personas.
Cada año que comienza se convierte entonces en una nueva oportunidad para renovar los cimientos morales, científicos, sociales, económicos y culturales sobre los cuales la humanidad ha construido sus valores y principios.
Para nuestro caso, en Colombia, estamos abocados a definir con seriedad y convicción, cuál es la ruta que deberá guiarnos para enfrentar los desafíos que tenemos como sociedad, pues es evidente que la cultura del delito y de la violencia han penetrado a todos los sectores y niveles de nuestra población.
En éste contexto, sin duda, la mayor responsabilidad recae en la llamada clase dirigente, la cual ha usufructuado el poder político y económico sin la indispensable capacidad de servicio, puesto que siempre les ha caracterizado su interés personal egoísta y mezquino, motivado por el deseo de poder, el cual, a su vez, es alimentado por la codicia y el orgullo.
Para algunos el comienzo de un nuevo año no pasa de ser un hecho intrascendente en cuanto lo asumen como un simple fenómeno de contar el paso del tiempo. Sin embargo, para quienes nos preocupamos por la sana evolución humana y social, debemos encararlo como una oportunidad de cambio, pues finalmente no es el tiempo físico el que cambia, sino nuestra actitud frente a los compromisos individuales y sociales que contribuyan a mejorar la vida personal, familiar y social.
Es aquí, precisamente, donde se hace evidente la idea humana de trascender, es decir, de entender que no hemos venido a éste mundo solamente a existir, sino que el propósito del Creador del universo nos señala un plan de vida que debemos realizar, para colocarlo al servicio de nuestro propio crecimiento como personas y en la expectativa de ser útiles, solidarios, fraternos y sobre todo, reconociendo que debemos actuar con ética para que todos nuestros actos honren la indispensable condición de ser seres comprometidos con los valores trascendentes de la espiritualidad.
Así, el nuevo año no debería ser un año más, sino la oportunidad de reflexionar sobre el origen y el destino de la humanidad; sobre el compromiso de superar la visión materialista de la historia; de asimilar los avances científicos y tecnológicos sin convertirnos en esclavos de sus instrumentos; pero sobre todo de regresar a la esencia humana y espiritual que nos reconcilie con la naturaleza inspirada por la voluntad divina.
