jueves, 02 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-01-17 03:56

Un año después

Escrito por: Editorial | enero 17 de 2020

La sociedad colombiana recuerda con estupor el demencial y repudiable acto terrorista perpetrado por algunas fracciones delincuenciales del grupo narcoterrorista del ELN, contra la Escuela de Cadetes de la Policía Nacional General Santander, donde perdieron la vida 21 personas y afectaron a 65 miembros de esta institución. Este atroz y demencial atentado contra el principal Centro de formación de la Fuerza Pública, ha sido considerado una afrenta para las instituciones democráticas del Estado, que actualmente continúan amenazadas por algunas organizaciones subversivas que se resisten a incorporarse a la civilidad colombiana.

Fue un atentando infame, con la grave y cruel meticulosidad de buscar causar daño a los miembros de esta institución y a la población civil, cuando se encontraban inermes cumpliendo con sus funciones misionales y en medio de un sector residencial de Bogotá.

Se trató de una coyuntura excepcional en la medida en que hace más de una década no tenía lugar un acto terrorista de este tipo en un centro urbano del país. Parecía haber quedado atrás el encontrarse cara a cara con los sentimientos de ansiedad y angustia constante que una explosión así provocara en forma generalizada entre la ciudadanía. Lo anterior nos lleva a un reto, como es preservar los logros que a todo nivel se han venido alcanzando gracias a la firma de la paz con las Farc. Sin desconocer en ningún momento la gravedad ni las implicaciones de este vil atentado, es un error hacerles el juego a las voces catastrofistas que a partir de generalizaciones arbitrarias apuntan a retrocesos, sobre todo en campos subjetivos como la percepción que tienen distintos sectores sobre el rumbo del país.

En medio del dolor que ha padecido la sociedad colombiana, es alentador en medio del dolor, ver de manera unánime y desde todas las orillas, como se rechazó este hecho y se hizo sentir la solidaridad con la institución policial. Es detestable que la mayoría de estos atentados son planeados y estructurados desde el vecino país venezolano, con la anuencia del dictador Nicolás Maduro, donde se encuentran los líderes de todas las organizaciones narcoterroristas que han azotado durante más de cinco décadas a toda la población inerme de nuestro territorio colombiano.

Por tal motivo, el sendero a seguir en todo momento crítico como el ocurrido hace un año, es el de brindarle la confianza irrestricta en las instituciones, a las que hay que rodear. Actuando así, Colombia ha logrado a lo largo del tiempo mantenerse firme y unida frente a los terroristas y derrotarlos. Es indispensable que se reedite la historia.