Opinión/ Creado el: 2018-09-15 03:24
Triste recuerdo
Por: Luis Humberto Tovar Trujillo
Durante el gobierno de Villalba, tuvo a bien el gobernante, de condecorar con todos los honores a quien posteriormente fungiera como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, y a la sazón, presidente de la misma.
Generalmente los honores recibidos por Yesid Ramírez Bastidas, eran pedidos por este, hasta suplicados, como sucedió conmigo cuando solicitó mi intervención para que se sucediera en la Universidad Cooperativa, solicitud a la cual no accedí desde luego.
Posteriormente, esa condecoración, se convirtió en un triste recuerdo, prácticamente en el peor de que se tenga conocimiento, porque sus funciones, las de la Corte, de administrar pronta y cumplida justicia, con transparencia y rectitud, desaparecieron desde esa época y hoy cobra aun vigencia, haciendo que fuera este magistrado, uno mas de los que participaron en esas francachelas, “guachafitas” con la delincuencia, ampliamente conocidas por el país, que se convirtieron en el inicio de la vergüenza judicial de nuestra patria, hoy convertida en el “Cartel de la Toga”.
Hoy reclama por todos los despachos judiciales, se le devuelva la honra y su buen nombre, cuando la nación toda, conoció de todos estos episodios vulgares, que hoy consumen al país y condenaron a la falta de confianza legítima a la justicia.
Hasta allá han llegado los niveles de cinismo, propios de un enfermo mental, pretender que después del daño causado a nuestro país, y habiendo existido verdaderas glorias del Huila en la magistratura colombiana, hayan sido mancilladas por este personaje amigo de la oscuridad.
Por eso me propongo exigirle públicamente, por respeto al Huila a la majestad de la justicia, que tanto invocó esa cumbre del pensamiento jurídico Alfonso Reyes Echandía, y dando por descontado el cinismo que padece el deudor de esa condecoración, devuelva la misma, como una forma de menguar el daño causado a aquella.
Vana ilusión mía, pero hay que hacerlo como inicio de la recuperación de la decencia, pesimismo justificado por la escasa condición moral del “condecorado”.
Semanalmente, invocaré este triste recuerdo hasta que se me haga el milagro de la devolución, y contare las horas en el reloj donado por Giorgio Sale.
Nota: Ojalá entendiera el magisterio, el fastidio que nos proporciona su presencia en las calles y no en las aulas, y así contribuir al mejoramiento de la calidad de la educación nuestra, como su contribución a mejorar este país, cuando la baja calidad de la misma, es el aporte para negar el desarrollo.
Durante el gobierno de Villalba, tuvo a bien el gobernante, de condecorar con todos los honores a quien posteriormente fungiera como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, y a la sazón, presidente de la misma.
Generalmente los honores recibidos por Yesid Ramírez Bastidas, eran pedidos por este, hasta suplicados, como sucedió conmigo cuando solicitó mi intervención para que se sucediera en la Universidad Cooperativa, solicitud a la cual no accedí desde luego.
Posteriormente, esa condecoración, se convirtió en un triste recuerdo, prácticamente en el peor de que se tenga conocimiento, porque sus funciones, las de la Corte, de administrar pronta y cumplida justicia, con transparencia y rectitud, desaparecieron desde esa época y hoy cobra aun vigencia, haciendo que fuera este magistrado, uno mas de los que participaron en esas francachelas, “guachafitas” con la delincuencia, ampliamente conocidas por el país, que se convirtieron en el inicio de la vergüenza judicial de nuestra patria, hoy convertida en el “Cartel de la Toga”.
Hoy reclama por todos los despachos judiciales, se le devuelva la honra y su buen nombre, cuando la nación toda, conoció de todos estos episodios vulgares, que hoy consumen al país y condenaron a la falta de confianza legítima a la justicia.
Hasta allá han llegado los niveles de cinismo, propios de un enfermo mental, pretender que después del daño causado a nuestro país, y habiendo existido verdaderas glorias del Huila en la magistratura colombiana, hayan sido mancilladas por este personaje amigo de la oscuridad.
Por eso me propongo exigirle públicamente, por respeto al Huila a la majestad de la justicia, que tanto invocó esa cumbre del pensamiento jurídico Alfonso Reyes Echandía, y dando por descontado el cinismo que padece el deudor de esa condecoración, devuelva la misma, como una forma de menguar el daño causado a aquella.
Vana ilusión mía, pero hay que hacerlo como inicio de la recuperación de la decencia, pesimismo justificado por la escasa condición moral del “condecorado”.
Semanalmente, invocaré este triste recuerdo hasta que se me haga el milagro de la devolución, y contare las horas en el reloj donado por Giorgio Sale.
Nota: Ojalá entendiera el magisterio, el fastidio que nos proporciona su presencia en las calles y no en las aulas, y así contribuir al mejoramiento de la calidad de la educación nuestra, como su contribución a mejorar este país, cuando la baja calidad de la misma, es el aporte para negar el desarrollo.
