miércoles, 01 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-08-15 01:14

TRISTE REALIDAD DE UNA EPIDEMIA

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | agosto 15 de 2020

Por AMADEO GONZALEZ TRIVIÑO

Como ha sucedido siempre. Nuestro pueblo colombiano vive de fantasías, de reconocimientos inmerecidos por sus gobernantes de turno en una extraña simbiosis que se repite desde la cabeza del poder central, hasta en la más pequeña de sus provincias, como la que ocupamos en este espacio llamado planeta tierra, y especialmente, nuestra patria colombiana y la provincia de los garzones.

Cuando se esparció la información de la epidemia, el país desde el gobierno central y sus vínculos con la empresa privada, no censuró ni limitó los vuelos internacionales, hasta cuando la situación empezó a empeorar y se hizo el de la vista gorda. Luego se tomaron algunos correctivos y se dictaron medidas que en ningún momento fueron las que tenían que adoptarse en la medida en la que así lo exigía la epidemia y los controles de inmigración se salieron de las manos de las autoridades, hasta el punto de que llegaron vehículos con personas de los diferentes países vecinos, encallaron algunos barcos con enfermos y llegaron muchos vuelos internacionales que terminaron por generar una odisea de propagación en todo momento.

Y luego se dijo que el país al ingresar a una especie de cuarentena, recibía los elogios de las organizaciones internacionales de salud, por haber tomado algunas pequeñas medidas, sin hacer los controles y la vigilancia como correspondía.

Fue el momento de las alabanzas y de los reconocimientos inmerecidos que se vendieron como para airear el gobierno de turno. En tanto, en todas las provincias, pueblos, caseríos y poblados, los contagiados comenzaron a propagarse.

Luego vino el grito por la economía nacional, mientras el Gobierno se dedicó a hacer alardes de su política benefactora, se enloquecieron con la corrupción, con los mercados, con los decretos y las medidas que no hacían más que transcribirse cada ocho o quince días, para adicionar cifras y estadísticas que eran solo una falacia de un control que no se tenía, de una situación que permitía que ese gran mal contra el patrimonio económico y la banca privada y de ciertos sectores de la economía, fueran los únicos beneficiados.

Y luego se presentaron farsas locales como carnavales y fiestas virtuales que fueron un detonante para la expansión del mal, con grandes festejos en los que participaron los funcionarios públicos y que dieron al traste con toda normatividad preventiva o de cuidado y protección social. Y más adelante el folclorismo de la Presidencia permitió y sacó avante un supuesto DIA SIN IVA, que fue mortal y se constituyó en el gran detonante de esta epidemia.

Y en provincia, las medidas no se aplicaron correctamente, no se hicieron controles, hasta el punto que hace muy pocos días, un secretario de pacotilla de un pueblo cualquiera, salga a los medios de comunicación a decir por las emisoras y medios de comunicación que tienen a su servicio como todos los periodistas arrodillados que le hacen la corte, que se aplicaran en forma drástica todos los controles a partir de la fecha.

Que ingenuidad y que tristeza que haya funcionarios que no hayan comprendido que este gran mal, que esta epidemia y que todo esta angustia y dolor que se vino encima de los colombianos, es una hecatombe que como se anuncia, ha de prolongarse indefinidamente hasta que aparezca la vacuna y haya algunos que tengan el privilegio de recibirla, ante la indiferencia de la clase política nacional y de la corrupción que sigue cabalgando desde la provincia hasta el gobierno central, siendo hoy en día, más peligrosa que la epidemia misma. 

 

Y hoy se dice que es la ignorancia de sus gentes, la única responsable de todo este desbarajuste social que estamos viviendo. Cuando han sido sus gobernantes los grandes gestores de esta hecatombe.