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Opinión/ Creado el: 2019-05-24 01:30

Tormentas que atormentan

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 24 de 2019

Por: María del Carmen Jiménez

Las tormentas de orden  institucional, político, jurídico, social,  entre otros, que hemos presenciado desde la cotidianidad de nuestras vidas en los últimos días en Colombia,  generan intranquilidad.   Las objeciones a la JEP que por fortuna para la Paz y la democracia fueron rechazadas mayoritariamente por el legislativo, la  renuncia del cuestionado Fiscal para no acatar el fallo  de la Justicia Transicional en el caso “Santrich”, el interés de algunos por deslegitimar los Acuerdos de Paz, la fallida  iniciativa de convocar la Constituyente que sin duda generaría ruptura institucional, la  revelación periodística del New York Times que  reportó, según fuentes internas de la Institución militar, directivas  suscritas por el Comandante del   Ejército, y  que, acorde con  el análisis de expertos, podrían reeditar los falsos positivos de la década pasada, originados por la presión a militares para  mostrar resultados operacionales sin exigir perfección en los mismos , aduciendo que  “se pueden hacer operaciones con un 60-70 por ciento de credibilidad y exactitud”, y se les orienta a hacer lo que sea para mostrar dichos resultados. Todo esto  atormenta a los demócratas y produce escalofrío.

Ese capítulo  de horror y muerte  de las ejecuciones extrajudiciales en Colombia no se puede  repetir, como no se pueden repetir  los oprobios vividos en  más de medio siglo de conflicto interno en nuestro país. Por eso es imperioso defender los Acuerdos de Paz y su implementación.

No podemos regresar  a  la  Doctrina de Seguridad Nacional  que hace décadas, generó  militarización de la  vida civil,  degradación del conflicto donde la población  fue afectada  por  las dinámicas de la guerra,  lo cual generó violación a los Derechos Humanos y el  DIH , ni a la  la época de la Política de Seguridad Democrática  que retomó los principios de esta doctrina y desconoció la existencia del  conflicto social armado  para convertirlo  en una guerra contra el terrorismo donde todos eran sospechosos.  Acorde con los planteamientos de Fals  Borda,  esta política irradió valores sociales adecuados a sus fines, mostró el autoritarismo con ropaje  del padre duro y gritón  que salva a sus hijos de todo mal.   Se originó un  lenguaje sibilino  para convencer a las masas sobre las bondades del régimen, cuando éste solo trata de mantener el statu quo, se alimentaron discursos  y políticas guerreristas y arbitrarias. Por fortuna,  hubo un proceso de paz – aunque imperfecto – nos enrumbó en la narrativa de la  construcción de la misma y la implementación de los acuerdos. En él participaron Generales de la República,  militares en ejercicio y retirados que entendieron que la Paz es  el camino y se apropiaron de la Doctrina de los Derechos Humanos.

No obstante, existe hoy  una alarma profunda, generada por quienes  pretenden devolvernos al pasado.  Las directivas militares orientan para un país en guerra, no en postconflicto.  Sería  mejor medir la gestión militar  por los índices de disminución de asesinatos de Líderes sociales,   no  por resultados de muertes. Algunos dirigentes políticos que añoran volver a  empollar los tres huevitos,   no quieren el proceso de paz hacen todo lo posible por obstruirlo y destruirlo. Si bien , el Gobierno del Presidente Duque, le bajó el tono a los cantos de sirena que propugnaban por una Constituyente, y por la ruptura de la institucionalidad en su alocución,  en  la práctica  observamos  que hará  muy poco   por el cumplimiento de los acuerdos de paz en temas claves como ,  la  Reforma agraria ,  del Acuerdo Político incluyente, que permita una Apertura  Democrática para construir la Paz ,en el Acuerdo sobre las víctimas que implica el fortalecimiento de la JEP, el Sistema de Verdad Justicia, Reparación y no Repetición.  En la solución al problema de las drogas ilícitas su única pretensión es volver al Glifosato.


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