Todo por lo mismo
Luis Humberto Tovar Trujillo
Todo ha salido como se esperaba. Los que vendieron humo, la vida y el tiempo se encargaron de demostrar que quienes dijeron NO, era No, y, en consecuencia, dijeron la verdad, y no otra cosa.
Lo de Santrich, además de ser otra vergüenza nacional, es la negación de un proceso de lavado de dinero ilícito que le llamaron paz, donde se enriquecieron ilícitamente quienes fueron protagonistas de ese fraude a la voluntad popular y le vendieron esa estafa al mundo, que hoy mira con indignación lo que a diario sucede.
No se necesitó que quienes se opusieron al lavadero lo volvieran trizas, porque desde su Genesis fue un aborto, y cuando las cosas de hacen mal, continuan y terminan mal.
Lo que me preocupa es la inactividad del gobierno, su falta de decisión en entender que las cosas en derecho se deshacen como se hacen, atendiendo al respeto a la institucionalidad que tanto proclama el presidente, que le han permitido hacer entender a los ciudadanos que es un buen hombre, bien intencionado, y todos los apelativos que lo magnifican como respetuoso del orden jurídico.
Nada sacamos con que sea bueno, bien intencionado, si no se toman las decisiones correctas que den a entender a la nación toda, que se va a retomar el camino del respeto y la normalidad institucional a la mayor brevedad posible.
El cinismo se apoderó de nuestra patria; los beneficiarios del lavadero cada día atentan contra el mismo, pese a haber obtenido todas las ganancias posibles y disfrutar sus fortunas en el exterior.
Santrich es la esencia pura de lo que significa hacer pactos con el delito; la historia de Colombia da fe de que solo sirve ganar la paz, ganando la guerra, y así lo demostró el Estado, durante los procesos de Pastrana y Uribe.
Hay cinismo en las altas cortes que incluye ese adefesio moral y jurídico que es la JEP; cinismo del congreso que no permite reforma alguna de esa institución, donde han demostrado históricamente su incapacidad para hacerlo; cinismo de las otras altas cortes que también han interferido permanentemente sobre sus propias y eventuales reformas, para evitar que se les eliminen privilegios, todo porque el narcotráfico se apoderó de ellas, de nuestras instituciones, con vergüenza, con bajeza, y con ruindad.
Da lastima decirlo y cuando se siente lastima de algo o de alguien, es porque los cimientos morales son una ruina.
Seguiremos por lo mismo, porque la incapacidad y ruindad moral existente, no permiten sino formar ciudadanos en el delito y no en verdaderos liderazgos.
