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Opinión/ Creado el: 2017-07-19 02:10

Todo honor y toda honra

Escrito por: Orlando Parga Rivas
 | julio 19 de 2017

En los tiempos que corren cabalga por el mundo una profunda crisis económica, pero también ética y moral, y Colombia no es la excepción, la que exige restaurar ciertos valores perdidos, necesarios para la concordia, el bienestar y la convivencia social que tanto se han deteriorado.
Es muy común escuchar hablar a la gente del honor, la honra y la honradez, pero aunque mucho se repitan muy seguramente son pocos los que saben realmente su significado, su importancia y la ponen en práctica en el diario vivir.
Honor, honra y honradez son tres sencillas palabras pero con una hondo significación, que aparentemente difieren en su significado y que por su sonoridad similar tienden a ser confundidas en muchas ocasiones.
Al consultar word reference encontramos Honor: Cualidad que lleva a una persona a comportarse de acuerdo con las normas sociales y morales que se consideran apropiadas, de ahí que hablemos de un hombre de honor; Honra: Estima y respeto de la dignidad propia; y Honradez: Rectitud de ánimo, integridad en el obrar, respeto por las normas que se consideran adecuadas.
Entonces podemos entender que la honradez, la honra y el honor, son virtudes que parece se perdieron en los anales de la historia y que en la sociedad actual se han vaciado de significado, pues son muy pocos quienes se preocupan por su mantener honorabilidad, por su dignidad como persona y ni qué decir de su honradez.
Estas palabras, aunque diferentes, están tan ligadas entre sí que de una u otra forma las tres se resumen en la honradez, virtud que al parecer viene en desuso, pues es lo que nos indican los titulares del día a día, llenos de corruptelas, triquiñuelas, debates basados en la injuria y la calumnia, sin que los protagonistas siquiera se sonrojen.
Y es que estas tres virtudes, que otrora guiaban la conducta de las personas, hoy son letra muerta porque en la práctica ya no interesa hacer lo correcto ni tratar bien al prójimo, ahora prima es el negocio y el chanchullo, el aprovechamiento del otro y la ganancia, lograr el propósito particular por la "cultura del atajo" y el "todo vale". La honradez ha sido relegada a las meras apariencias y con ella se ha llevado al traste todo honor y toda honra.
Por ejemplo, las relaciones comerciales o profesionales se basaron durante largo tiempo casi que exclusivamente en el honor y la honra: la famosa "palabra empeñada" que se cumplía a cabalidad por las partes, garantía que hoy ha sido trasplantada a un papel llamado contrato, donde lo que se firma se interpreta al amaño y se transgrede con demasiada facilidad.
No cabe duda que la honra, el honor y la honradez son virtudes que exaltan las cualidades morales de una persona, sin embargo en estos momentos de crisis hacen falta individuos con el carácter para refundar su valor ejerciendo una conducta ejemplar en la que prime más la virtud o el mérito que el fin.
Porque "Abundan hoy los atropellos en el campo de la honestidad, por lo que es urgente gritar: "¡basta ya de tanto desvarío, ante el pasmo de todo un país!", como decía Shopenhauer.
Finalmente, cabe preguntarnos si hoy estaríamos dispuestos a considerarlas de nuevo como las bases que guíen nuestra vida y sacar del cuarto del olvido los valores que fortalezcan al ser humano, a la persona y las llene verdaderamente, y como debe ser, de honor, honra y honradez.

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