martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2018-12-28 01:45

Tiempo de reflexión

Escrito por: Ernesto Cardoso Camacho
 | diciembre 28 de 2018

La celebración de la Navidad y el año nuevo son ocasiones propicias para que hagamos profundas reflexiones personales acerca de las conductas que hemos asumido en nuestro entorno familiar y social.

Para quienes somos creyentes, la Navidad no es solamente un hecho histórico que conmemoramos cada año. Es la oportunidad de encontrarnos de nuevo con las raíces de la cultura humana, pues fuimos formados en los valores éticos y morales derivados de la religión Cristiana Católica que transformó la visión del mundo.

El nacimiento de Jesús en la humildad de un pesebre de Belén constituye el gran milagro de la encarnación; hecho posible por la voluntad del Padre con la obediencia de María y de José, origen de la familia y núcleo vital de cualquier modelo de organización social.

Han transcurrido 2.000 años de tan notable acontecimiento histórico durante los cuales, la investigación científica y tecnológica ha encontrado serias evidencias que demuestran la veracidad de su existencia, así como el registro histórico de su vida, pasión y muerte; vivo ejemplo que invita a la superación de nuestras naturales debilidades para trascender a la dimensión espiritual que le permite al ser humano alcanzar su plena realización y la esperanza de vida eterna.

No es simple coincidencia que las principales religiones conocidas, tengan el común denominador de fundamentarse en la creencia de un ser supremo que inspira además de un modelo de vida, esa conexión existencial que genera sosiego espiritual y promesa de alcanzar la dicha y la paz eternas.

Esta reflexión necesariamente nos conduce a cuestionarnos sobre la vida de relación social que es consubstancial al ser humano. En ella intervienen, para bien o para mal, las llamadas ideologías que, al ser expresadas a través de las colectividades políticas, lo colocan frente a las realidades materiales impregnadas de su natural deseo de bienestar económico y social.

Luego de tantos episodios históricos que han marcado los fenómenos sociales; del increíble avance del desarrollo científico y tecnológico; de los diversos sistemas políticos que han evolucionado desde las viejas monarquías hasta las modernas democracias, pasando por las oscuras dictaduras y tiranías; con el crecimiento económico que ha permitido los asentamientos urbanos más sofisticados; el ser humano sigue sufriendo la desigualdad, el desplazamiento migratorio y ahora, recientemente, la angustia de la soledad auspiciada por la conectividad tecnológica que está generando barreras invisibles pero insuperables en la comunicación oral y dialogante.

No es gratuito, por tanto, que estemos observando los permanentes fenómenos sociales de inconformidad, incertidumbre y anarquía; la aberrante corrupción de la política; la agresión a los valores y principios éticos y morales que se esconden tras los movimientos de las llamadas minorías sexuales, étnicas y culturales; la encarnizada lucha por el poder económico y geopolítico de las llamadas potencias que tienen en vilo la paz y estabilidad mundial.

Este caótico escenario que ahora llaman de la post-modernidad, es  motivo de profunda reflexión para que cada ser humano asuma sus propias responsabilidades; regrese a la práctica de los valores éticos y morales; fortalezca los lazos indisolubles de la familia; respete las reglas de sana convivencia social y participe activamente en la política eligiendo a los líderes honestos que defiendan los intereses generales y no motivados por la codicia por el dinero y el poder; pero sobretodo, buscando la presencia de Dios, Supremo creador del universo, para que sea EL quien inspire su ciclo vital en el peregrinaje de éste mundo.    


Comentarios