Terminó el sueño mundialista
Ha terminado el sueño mundialista que puso a soñar a todo el pueblo colombiano que estuvo pendiente frente a las imágenes de las pantallas de los televisores y a los diferentes medios de comunicación, quienes nos informaron minuto a minuto cada una de las hazañas que realizaban los integrantes de la Selección Colombiana frente al combinado de Inglaterra. Con un arbitraje adverso, rozamos de cerca la hazaña para llegar a la final. Pero desafortunadamente el cobro de los penaltis no nos favoreció y le dieron la oportunidad al onceno inglés de continuar la siguiente ronda que le tocará con el equipo de Suecia el próximo sábado. Hay que reconocer que el talento vistoso que nos brindaron durante la participación del máximo torneo mundial de futbol logró unificar todos los ánimos de los colombianos. En todos los municipios del país fueron invadidos de banderas tricolores, tamboras, sombreros, gorros, mochilas y otros artefactos alusivos a la Selección Colombia, para respaldarlo a través de los televisores. Entre el amarillo, el azul y el rojo, era tal la alegría que embargaba todo el pueblo colombiano.
Atrás quedaron las rivalidades políticas de la pasada contienda electoral. Cuando empatamos, los abrazos se confundían con gritos, abrazos, lagrimas, risas, pitos, sonidos de tamboras y otros dispositivos para celebrarlo transitoriamente el triunfo de nuestra amada selección en un ambiente pacífico y de colegaje. Pero el momento más emocionante se presentó en un crucial momento cuando se desvanecía toda posibilidad para el onceno patrio, cuando nuevamente un cabezazo impactante del hijo de Guachené, Yerry Mina, nos volvió la vida, porque nos obligaba a continuar gozando del juego vistoso durante los 30 minutos adicionales reglamentarios. El inicio de la sesión de tiros libres empezó a aumentar la adrenalina de toda la hinchada colombiana. Cada cobro nos generó sobresaltos y con una trepidante pasión que impregnó a toda una sociedad que estaba atenta con la mirada fija en sus televisores.
Está demostrado que cuando juega la selección Colombia, todos los compatriotas nos unimos sin interesar la condición económica, credo, raza o cualquier otro factor humano, que impida que la alegría nos contamine por la pasión frenética que provocan en la cancha de futbol. Hay que destacar que cuando juega la selección Colombia, todos los compatriotas nos unimos sin interesar la condición económica, credo, raza o cualquier otro factor humano, que impida que la alegría nos contagie por la pasión frenética que provocan sus jugadas en la cancha de futbol. Salimos de Rusia con la frente en alto y con los zapatos bien puestos.
