Opinión/ Creado el: 2017-07-11 01:54
Teoría del caos colombiano, tercio excluido
“El problema con el mundo es que la gente inteligente está llena de dudas,
mientras que la gente estúpida está llena de certezas”. Charles Bukowski
El principio del tercio excluido, que es uno de los tres principios fundamentales de la lógica clásica, propuesto y formalizado por Aristóteles, es exactamente lo mismo que el principio de la bivalencia, y que, pensamos, será lo que el pueblo colombiano le va a aplicar a la filosofía de las elecciones del 2018.
Estamos cansados de la polarización, de la división, de la bivalencia, de la pelea de Uribe porque Santos no quiso hacer lo que su ex jefe quería y se volvió su enemigo político cuando logró la firma de los acuerdos de la Habana y ganó el Premio Nobel de la Paz.
Desde entonces, la oposición se ha dedicado a desprestigiar, mintiendo y calumniando al gobierno, en general, y a Santos en particular, impulsando la caída de su índice de popularidad en las encuestas, que ya está por los suelos. Pero sus detractores se olvidan que si Colombia es un caos es por culpa de todos, pero en especial de aquellos líderes políticos y “cacaos” de la economía, que pudiendo haber dirigido el país hacia el progreso, se han dedicado a llenarse los bolsillos y han mantenido al país en la pobreza, con una economía desacelerada y una feria de casos gigantes de corrupción multimillonaria. En ese grupo están metidos todos: los de la izquierda y los de la derecha.
El bando opositor a los acuerdos de la Habana se ha encargado de satanizar todo lo que se haga en búsqueda de la paz y gritan a los cuatro vientos que Colombia va a caer en manos de los castro-chavistas quienes, a su vez, nos convertirán en otra Venezuela, con lo que eso implica en materia de libertades individuales, deterioro institucional y crisis socioeconómica, si no reaccionamos para apoyar las ideas guerrerista de un Alvaro Uribe a quien ya lo tienen endiosado.
Es imposible tratar de explicarle a un “uribista” que el expresidente forma parte del problema y no de la solución y es tan inútil como tratar de convencer a un fanático religioso de que el Dios vengativo que le enseñaron no existe. Uno puede mostrarle las evidencias de las injusticias del mundo, el cinismo de los pastores cristianos, la violencia y los abusos de la Iglesia de siempre, lo precario de su concepto sobre la caridad hacia su prójimo, pero el fanático va a seguir creyendo que es el poseedor de la verdad revelada porque le conviene. Y Uribe, para sus seguidores, es una deidad, que deben acatar con fe ciega.
Y un dios, máxime si es el dios del miedo, tiene licencia para lo que le plazca. No se equivoca aun cuando lo cojan con las manos en el `twitter´. Se debe guardar un respetuoso silencio ante los casos de corrupción de sus colaboradores más cercanos, ante los muchísimos `falsos positivos´, ante sus supuestos nexos con el paramilitarismo, ante el evidente enriquecimiento ilícito de sus hijos, ante la ineptitud de sus copartidarios y ante sus mentiras. Basta mirar su `twitter´ para entender que la vanidad, el ansia de poder y su rabia personal contra Santos lo tienen desbordado. Está creando pánico. Lo hizo con sus desafortunadas declaraciones en Grecia, lo hace en internet y no va a parar hasta vengarse y volver al poder, aunque tenga que aliarse con el diablo.
Y hablando de alianzas, ¿qué colombiano inteligente y en sus cinco sentidos querría aliarse con el expresidente Pastrana? ¿Cuál será la trascendental ayuda que podrá brindar este personaje gris a la historia política que está por escribirse? Quizás su mejor legado electoral será el de hacer naufragar, con alguna rara movida política, ese proyecto rabioso que sintetiza el Centro Democrático, liderado por otro terco cabeza dura. Ineptitud más terquedad debe ser una suma negativa.
¿Y qué tal la alianza con María Fernanda Cabal, a quien el cura Bernardo Hoyos le respondió a sus ataques llamándola, equivocadamente, ignorante y bruta por haber dicho que la Unión Soviética estaba en el Consejo de Seguridad de la ONU? Ella no lo hizo de ignorante, sino de sobrada. No es que sea bruta, su mente se quedó en el pasado y en su forma de ser no existe la posibilidad de evolucionar. Además, está casada con un señor feudal costeño que forma parte de esa “elite”, a la cual también pertenece Alejandro Ordoñez, quienes no aceptan cambios, no conciben la separación de cualquier iglesia o religión del Estado y de la política y, mucho menos, que los homosexuales tengan los mismos derechos de los demás. ¡Qué horror! Y, por supuesto, ven el fantasma del comunismo por todos lados. Viven aún en el siglo XIX.
La política de la polarización y la división ha dado resultados en las urnas en varias partes del mundo. Funcionó de manera particularmente perversa con el 'brexit' en la Gran Bretaña y también en la elección de Trump en los Estados Unidos en donde el Partido Republicano ganó con la promesa de ´”hacer trizas” todo lo que los demócratas construyeron en los ocho años anteriores. En Colombia también triunfaron en el plebiscito del No y han prometido “hacer trizas los malditos acuerdos de la Habana”.
Aquí va a suceder lo que pasó en Francia en las pasadas elecciones presidenciales. Los franceses estaban, como decimos nosotros por estos lados, coloquialmente “mamados” de los partidos y de los políticos tradicionales. Por esa razón surgió entonces ese candidato atípico, que siendo ministro de un Gobierno socialista, tuvo la capacidad de convencer al votante de izquierdas y al votante de derechas, que sería un buen presidente para no dejar caer a Francia de la olla (léase caos) y no permitir que la candidata del viejo partido ultra derechista Frente Nacional, Marine Le Pen, tomara las riendas del poder.
Aquí también necesitamos un Emmanuel Macron que no represente los vicios de los partidos tradicionales y que haya esculpido su imagen mediática y política a punta de honestidad, lealtad y de rechazo rotundo a esas prácticas politiqueras. Un candidato que no sea “ni de derecha, ni de izquierda” pero, como lo dijo citando al general De Gaulle, que su programa consista en tomar “lo mejor de la derecha, lo mejor de la izquierda” e incluso “lo mejor del centro”.
Así los colombianos nos vengaremos de quienes nos han hecho sufrir esta terrible Teoría del Caos político colombiano, aplicándoles “El Tercio Excluido”.
