Tensión en la frontera con Venezuela
Desesperado se encuentra el dictador Nicolás Maduro, por la fuerte presión y las sanciones económicas que ha venido imponiendo la comunidad internacional, especialmente las del presidente Donald Trump, contra el gobierno de Venezuela. La nueva ronda de sanciones contra el régimen chavista, que ha venido imponiendo la comunidad internacional, han empezado a generar una metástasis a su dinámica productiva, especialmente a la industria petrolera que era en otrora, la mayor fuente de divisas que tenía el vecino país. Igualmente, la forma soterrada y mezquina, de estar albergando los grupos narcoterroristas del ELN y de las Disidencias de las Farc, lo han colocado en la mira de las agencias internacionales de seguridad de las potencias mundiales.
La torpe decisión de trasladar todo el aparato militar del vecino país, a la frontera colombiana, ha sido tomado por todos los países que han condenado este hecho, como un distractor, para proteger a estos terroristas que han continuado con sus actividades delictivas y programando todo el accionar belicista contra la sociedad colombiana.
Desafortunadamente el pueblo venezolano es el que más sale afectado por estas acciones dictatoriales de Maduro, más que los altos cargos del Gobierno y los militares, que son los que padecen las consecuencias a la larga por estas medidas.
Pero lo que no contaba el Dictador Maduro, fue la decisión de que doce países del continente americano dieron el día anterior, un primer paso en la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) al considerar que la crisis en Venezuela representa una clara amenaza a la paz y la seguridad en la región. Esta es una especie de OTAN al estilo americano, que abre una intervención militar de los países que la conforman: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, EE. UU., Guatemala, Haití, Honduras, Paraguay, República Dominicana y Venezuela, la cual está representada por los delegados del Líder opositor venezolano Juan Guaidó.
Así como están las cosas, los aires de guerra auspiciados por la dictadura venezolana, no tendrán eco en la sociedad colombiana, por la nueva amenaza que se cierne sobre ésta, porque la nueva presión a Maduro podrá contribuir al rompimiento de todas las relaciones diplomáticas y posiblemente con el fortalecimiento del bloqueo económico, incluyendo el transporte naval y aéreo. Colombia está en alerta. La instrucción es no caer en ninguna provocación, pero también se tiene certeza, de que la defensa del territorio nacional es una prioridad.
