Sub-desarrollo y sub-administración
El nuevo mapa del país, luego de finiquitado el acuerdo Gobierno-Farc, por el que Colombia se asoma a una nueva senda, ésta, de reconciliación, reparación, verdad y no repetición de los hechos que ensangrentaron el territorio patrio y a miles de conciudadanos, especialmente de origen humilde; aparte del anuncio de un cese bilateral del fuego entre el Gobierno y el E.L.N., nos lleva al mayor lastre que ha afectado a Colombia: la corrupción en el campo de lo público con la complicidad del sector privado.
Lo hemos escrito y lo repetimos, para recordar a nuestro profesor de Derecho Administrativo en la Universidad Santo Tomás: “El problema de Colombia no es de sub-desarrollo, es de sub-administración”. Y como ante los hechos no hay argumentos, basta con ir a google, que dicen todo lo sabe, para encontrarnos que por centenares y miles se cuentan los procesos que llevan las asustadurías (Procuraduría, Contraloría, Fiscalía) contra hombres y mujeres que se desvivieron por ganar el favor popular para vestirse con la capa de Jefe de la Administración Municipal, y ser pomposo Alcalde, o en el plano seccional ser Gobernador.
No siempre son condenados, algunos son absueltos. De todas maneras el tránsito de un despacho público a una penitenciaría no es imaginable y mucho menos deseable para nada y para nadie.
Y por qué caen en manos de los investigadores, porque pecan de buena o mala fe, con conocimiento de causa o por ignorancia de las normas, disposiciones, leyes, sentencias y otras decisiones del legislativo o la justicia. Todo comienza desde la elección que hacen del círculo de mejores ‘amigos’, no pocas veces lagartos de oficio, aduladores, mediocres, oportunistas, falsos y mendaces. También se cuenta la elección de quienes fungirán como miembros de la llamada comisión de empalme. Luego el nombramiento de sus secretarios y gerentes, el famoso Gabinete. No es difícil encontrar que se designe un profesional de la Psicología como Jefe de Planeación o Secretario de Hacienda porque no quedó otro despacho para el hijo de fulano, un significativo contribuyente con pesos o con votos para la elección. A lo anterior le sigue la falta de conocimiento y el poco o ningún interés del gobernante por ponerse a tono con el ordenamiento jurídico que debe regir sus actos y decisiones. No les importa su ignorancia y la del equipo de gobierno. Así, se está frente a la llamada sub-administración que de contera incide en el atraso de los pueblos y el crecimiento de los índices de desigualdad, acompañado del ‘precepto’ del ‘todo vale’.
