Síndrome de El Renco
Aníbal Charry González
Saúl Quintero alias El Renco, fue un bandolero conservador de los llamados “Pájaros” (paramilitares de la época), que junto con otros del mismo caletre como “Tres Espadas” y el “Mico”, asolaron a nuestro departamento con innumerables crímenes en los años 50 y 60, entre ellos la infame matanza de Peñas Blancas en las goteras de Neiva, perpetrada por El Renco y otros criminales de su laya, donde asesinaron a 26 personas (niños, mujeres y ancianos de ambos sexos) el 3 de noviembre de 1962 -que todavía recuerdo con horror-,entre ellos, don Camilo Charry padre del fallecido folclorista Ulises Charry, por el solo pecado, como este posteriormente lo relatara, de pertenecer a una comunidad de liberales: “Eso fue una cosa muy triste, masacre como esa nunca he visto, la tandeada de gente muerta ahí. Y le daban machete como si estuvieran picando vástago”.
Pues bien: esa y otras atrocidades cometidas por El Renco, que por fortuna fue dado de baja el 5 de noviembre de 1965 por la fuerza pública, se constituyó en el blasón -atribuyéndole la superchería popular religiosa, condiciones de Robín Hood -dizque porque robaba a los ricos para darle a los pobres-, cuando realmente fue un despreciable criminal y asesino por fanatismo político; para que fuera elevado al santoral milagroso, que lo tienen convertido en intermediario divino que “escucha lo que Dios no oye”, como que en su tumba que está entre las esculturas de la Virgen María y el Divino Niño en el Cementerio Central, aparecen más de 1000 placas que contienen mensajes agradecidos por los supuestos favores recibidos a sus desviados adoradores.
Lo anterior no es más que la manifestación de una sociedad patológica acostumbrada a la violencia, que tiene los valores invertidos desde hace rato, para rendirle culto a los más viles muertos, que podemos denominar como el síndrome de El Renco, que se ha traducido ahora en la insólita declaración que hiciera, nada menos que el comandante del Ejército, Eduardo Zapateiro, que no tuvo empacho a nombre del Gobierno y de su comandante en jefe, el subpresidente Duque –acaso por su pública militancia en el Centro Democrático-, que hasta ahora no lo ha desmentido manteniéndolo en el cargo, que “lamentar mucho” la muerte del abominable sicario “Popeye”, por supuesto bien muerto, quien confesara convertido en Youtuber con el aplauso de la galería, que había participado en 3000 asesinatos entre ellos el de Luis Carlos Galán, de los cuales 300 fueron cometidos por su propia y sanguinaria mano, y además murió sin haber manifestado el menor arrepentimiento por su gesta criminal.
No hay duda que el general Zapateiro visiblemente afectado por este síndrome, hizo la apología del nefando criminal, ofendiendo gravemente a las víctimas y a sus familias, y desde luego a la gente decente, sentando las bases para convertirlo con muchos más méritos que El Renco, en el nuevo intermediario de Dios para hacer toda clase de milagros, ratificando la condición de no pocos colombianos con sus valores humanos y religiosos invertidos y pervertidos, de rendirle homenaje a esta clase de criminales, que itero, están bien muertos.
