Sin triunfalismos
Cuidado que el poder puede obnubilar la mente llevando al hombre a las más nefastas decisiones. El poder engolosina tanto que puede llevar a la intoxicación ególatra del triunfador. A veces es más difícil manejar los triunfos que los fracasos. Fácilmente el poder hace perder los estribos y se puede pisar en falso y ahí viene la catástrofe. No es humillando como creces, deja que los demás también crezcan. No desprecia a nadie; no hay herida más profunda y difícil de sanar que el desprecio.
El que ofende escribe en el agua, el ofendido en la piedra; el que ofende se le olvida y el ofendido se acuerda. Aprende del poema Desiderata: “Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus planes… Cultiva la firmeza del espíritu para que te proteja en las adversidades repentinas… Sobre una sana disciplina, sé benigno contigo mismo”. ¡Que sabias palabras!, ¿verdad? Los hombres y las personas exitosas han tenido fracasos y momentos difíciles. No sé, pero los fracasos enseñan más que los éxitos. Como que la buena vida cansa y la mala, amansa. Un triunfo si no se sabe asumir, puede hacer perder el sentido de las proporciones. Todo parto está precedido de un embarazo; la alegría del nacimiento es el fin de toda una vida en gestación. La hermosa primavera es fruto de un crudo invierno. Los árboles se vuelven exuberantes cuando han sido podados.
La cosecha se saborea si ha sido fruto de la fatiga, el bochorno y la disciplina. Como dice el salmista: “Al ir iban llorando llevando las semillas; al volver, vuelven cantando trayendo sus gavillas”. Los triunfos nos deben hacer más humildes. El triunfo es efímero, hay que saberlo manejar; con frecuencia quien ríe de último, ríe mejor. La grandeza con arrogancia expresa la mayor bajeza.
Recuerda que en la vida tú debes sumar, no restar. ¡Ah! No olvides ser agradecido; si has llegado a esa instancia de poder o de éxito, es porque varios te han ayudado y han intervenido en tu propio proyecto de vida. Nadie sube solo. Recuerda que la ingratitud se paga caro. También los fracasos hacen parte de la vida, ellos son como un polo a tierra que nos hace ser más precavidos, más realistas. No te dejes ilusionar por lo fácil; Noé no construyó la barca pocos días antes del diluvio, necesitó años, por eso no naufragó. N
o te dejes ilusionar con el dinero fácil; lo que por agua viene por agua se va. El que vive a punta de trampas un día le llegará la cuenta de cobro y entonces “no hay Santalucía que valga”. Sé precavido, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Recuerda que el mañana no es fruto del azar, tú lo estás construyendo hoy. No le eches la culpa a los demás de tus fracasos, tú eres el constructor de tu historia: el que siembra vientos cosecha tempestades.
Deja de quejarte por todo, en mucho tú eres constructor de tu fracaso. Maneja con sensatez y humildad tus aciertos. Escucha esta frase del Libro Santo: “El que esté de pie, tenga cuidado para no caer”.
