Sin perdón y sin olvido
La visita del Papa FRANCISCO a Chile, y el reconocimiento por el mismo de que tales abusos con los menores y la violación sexual de que han sido víctimas, le causa vergüenza y es un daño “irreparable” y en medio de todo, se pida perdón en su nombre, se constituye en un mal precedente para los procesos vividos por las víctimas de estos abusos por parte del clero y de los representantes del mensaje cristiano, sin importar la condición religiosa o el escudo que se utilice para pregonar una fe y una creencia que se ha desligado por completo, del amor cristiano y de las prácticas que otrora fueron la guía espiritual de muchas comunidades.
No basta pedir perdón en nombre de otros, no nos podemos engañar que se ha vuelto reiterado en todo proceso histórico, que unas personas se tomen la vocería de los victimarios y mientras tanto, a éstos se les conceda beneficios, se les recompense y se disfracen los reclamos y las acusaciones para predicar que se trata de “zurdos” o “izquierdistas” los ofendidos en este proceso o los que reclaman justicia, reparación y no repetición.
La misma sociedad se ha puesto en alerta y nunca se podrá aceptar que mediante la inclinación de la rodilla y en nombre de otros, se pida perdón por ese proceder que ha generado grandes males entre la juventud, en todas las sociedades que han sido permisivas con dichas prácticas de personas que tenían que dar otra visión de su comportamiento y de trato a sus seguidores, todo ello, sin que se tomen decisiones y se adopten políticas internas dentro de las comunidades religiosas, o políticas o sociales, para perseguir, castigar e imponer y demandar las acciones de justicia que tales delitos demandan.
Acaso los mismos delincuentes, sacerdotes, obispos, o cardenales, han aceptado sus comportamientos ilícitos?, acaso la congregación ha permitido y avalado que se procesen y se lleve hasta los centros penitenciarios a los autores de tan abominables delitos? Por qué el Sumo Pontífice pide perdón y no degrada de sus órdenes sacerdotales a los causantes de semejante daño?
Pero como una política contraria, se tiene y se denuncia, que los autores de dichos delitos, han sido beneficiados con ascensos, con reconocimientos dentro del orden jerárquico y busca silenciarse el gran mal que han causado.
Ese perdón, no puede producir el efecto deseado. Ese perdón no es aceptable y no podrá aceptarse, y no puede ser artífice del olvido que se demanda, hasta tanto, no sean en principio los mismos victimarios los que confiesen sus culpas, los que reconozcan el gran daño social y moral al que han llevado a toda una sociedad, y además que renuncien a sus prebendas y se sometan al imperio de una justicia del hombre y sean condenados y sentenciados conforme a la ley vigente en cada lugar de la tierra y paguen con cárcel física sus fechorías.
El perdón del que hablamos, es el mismo que pregona y que no es posible aceptar en un falso proceso de paz, como el que se vive en Colombia, cuando el Estado Social de Derecho se burla del ciudadano común, de las víctimas a quienes quiere someter a soportar con estoicismo sus dolores, sus angustias y las secuelas o huellas que el desconocimiento y la violación de los derechos, han dejado una marca imborrable en sus vidas. En tanto que premia y beneficia a los victimarios, en tanto que elogia y adopta posiciones de censura y de rechazo a quienes demandan acciones de Justicia, antes que ser permisivos con la impunidad y con el delito.
El ser humano, sea de donde sea su origen, su condición social, sexual y económica o profesional, requiere el trato digno y el reconocimiento de sus valores, situación que no se vive, ni se reconoce en nuestro país, por nuestros dirigentes y que a su vez, tampoco es reconocido y valorado por representantes de congregaciones religiosas como el Papa Francisco o por quienes ocupan funciones de liderazgo dentro de los grupos humanos a los que nos hemos referido. El perdón, no es un simple juego. El perdón exige y demanda una valoración real de quien daña y una recompensa o una indemnización a quien es víctima del mismo, y el compromiso de la no repetición.
