Sin disenso no hay democracia
Amigo lector, permítame decirle que no me gustan mucho las llamadas polarizaciones. A mi juicio, la palabra aplicada a la política colombiana, no me parece afortunada. En una democracia es normal que haya disenso, de lo contrario sería dictadura. En los regímenes comunistas no existe la posibilidad de disentir, solo un partido gobierna y los gobernantes se perpetúan en el mismo en nombre de la revolución y del pueblo, ¿cuál pueblo? ¡Qué sofisma de distracción!, ¡qué tristeza, saber que hay ilusos que se lo creen! En una contienda electoral es apenas normal que haya posiciones y propuestas distintas, por eso el elector debe saber escoger la propuesta qué más le llegue a su visión antropológica y bajo unos parámetros de ética que busca el bien común, respetando la cultura de cada pueblo. En una democracia, un gobernante no puede gobernar a espaldas del pueblo que lo eligió y debe buscar el bienestar de todos, bajo el marco de unos valores éticos y morales. Esos gobiernos llamados de “Unidad Nacional” son un lastre para la democracia. Se unen, ¿para qué? Para repartirse con “equidad” la torta burocrática. A un ejecutivo con mentalidad dictatorial le encanta un congreso postrado a sus pies. ¡Cuántos parlamentarios, diputados y concejales se convierten en bufones del gobernante de turno, con tal de participar en el banquete de los puestos públicos, la “distribución” del presupuesto y la participación en la contratación! Una verdadera democracia se da en donde aparece una buena y sana oposición, evitando caer en una dictadura bajo la capa de democracia. La oposición debe ser la alternativa de poder. La oposición no consiste en torpedear todo lo que propone el gobernante, es hacer un control político y apoyar todo lo que redunde en bien de la nación, el departamento o el municipio. Los resentidos sociales y los malos perdedores desgastan la administración y le hacen mucho mal al desarrollo de un plan de gobierno. No soy muy amigo de la llamada revocatoria del mandato. Si se eligió por un cuatrienio, por favor, deje que el gobernante cumpla el período constitucional y así se podrán analizar con mayor calma los resultados. El mejor castigo que se le puede dar a un mal gobernante es sacarlo del escenario político con el voto. Por favor, no premiemos a los mediocres, a los corruptos, votando por ellos. En las campañas electorales es sano y productivo que haya disenso, si no, entonces, ¿a quien elegimos? No habría posibilidad de escoger. En democracia se trata de elegir a los mejores. Lo grave de nuestra débil democracia es la falta de conciencia ciudadana. Hoy, en la práctica, casi hay que pagar el voto. Muchos votan con el estómago, no con la razón. Donde dan dádivas, -a veces pecuniarias- vendo mi voto por ese plato de lentejas. En nuestra democracia colombiana, a mi juicio, es más corrupto el elector que el elegido. ¿Por qué usted vota por un candidato tramposo, deshonesto, de poca o nada solvencia moral y académica? Peor aún, no vota, so pretexto que todos son ladrones. Qué pena, usted no es buen ciudadano. Vote con criterio.
+ Froilán, obispo de Neiva
