lunes, 06 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-07-19 03:15

Siento que se me desprende el alma

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 19 de 2019

Por: María del Carmen Jiménez

En este artículo están presentes todas las víctimas : las del conflicto interno y la guerra vivida por más de seis décadas que ascienden a 8’376.463 (según el  Registro Único de Victimas), las  que padecen  violencia intrafamiliar y de género,  las víctimas  que están inmersas en la pobreza extrema, los 2.4 millones que padecen el flagelo del hambre en Colombia.

La Paz, bien superior, anhelada por la mayoría se distancia cada vez más. La ONU demuestra que la violencia se desbordó en 2018 y no se vieron estrategias  para atender a las víctimas afectadas por la guerra.  Este año no ha sido fácil para nuestro país  por cuanto las necesidades humanitarias son mayores, el conflicto se reactivó y la migración creció. El alivio humanitario,  vivido a raíz de la firma de los acuerdos de paz  en muchas regiones golpeadas por el conflicto,  se desvanece por el repunte de la violencia. La implementación de los acuerdos de paz  poco avanza a pesar de ser una política de Estado.

Habitamos un país  con desigualdades históricas  distribuidas por  regiones y grupos poblacionales  que se ven limitados en el  disfrute de sus derechos  y el acceso a los beneficios del desarrollo.  Seguimos teniendo una de las tazas de  desigualdad más altas del mundo con un coeficiente Gini  de 53.5. En este contexto  los más afectados son la población rural y en particular las mujeres,  la población indígena,  los jóvenes,  los afrodescendientes y las Víctimas del conflicto armado.

La inseguridad  alimentaria campea. La desaceleración económica crece o  lo peor, la recesión  se siente.  Por lo menos en el Huila el decrecimiento  del producto interno bruto es evidente según el DANE. El autismo,  falta de rumbo o desinterés del Gobierno Nacional para enfrentar y resolver  las problemáticas más sentidas por los colombianos, genera mucha incertidumbre. Me sumo a la percepción de muchos que sienten que el doctor Duque preside pero no gobierna. Sus propuestas como candidato a la presidencia frente a la corrupción,  la sostenibilidad ambiental,  el impulso de la economía naranja no son coherentes con sus posturas y gestión  como gobernante.

Por el contrario, su respaldo al fracking como forma de extracción del petróleo, el retorno de las  aspersiones de glifosato  para reducir la producción cocalera, que genera daño ambiental y desplazamientos, así lo demuestran. La ley anticorrupción se abortó en el Congreso a punta de impedimentos y dilaciones, y la iniciativa de “Economía Naranja” aún no es del todo clara, solo se habla de emprendimiento y cultura pero no se explica quién va a financiar la demanda de ese mercado que se pretende crear.

Siento que se me desprende el alma frente a este panorama. El cual además está impregnado de abuso sexual, maltrato,  asesinatos  de  nuestros niños, niñas, y líderes sociales, feminicidios, en fin, de violencia. Es hora de encontrar el rumbo y avanzar hacia el desarrollo humano  sostenible y sustentable. La Esperanza sigue viva.