Si vas a manejar no tomes… moderación o prudencia
Los antiguos filósofos y oradores de la Grecia Clásica, se reunían en las ágoras a discutir sobre los asuntos del Estado y el interés general, promoviendo entre los demás ciudadanos de la urbe la prudencia de la razón y exhortándoles a retirarse el velo de sus ojos que no les permitía observar más allá y avizorar un mejor futuro. Para Platón, el hombre prudente era el sabio que contaba con esa virtud propia del alma racional; mientras que Aristóteles consideraba que la prudencia era ajustada de la persona habilidosa al deliberar, juzgar y orientar.
Los antiguos griegos la llamaban la recta razón para elegir bien en el obrar - recta ratio agibilium - o en palabras castellanas es la que nos permite discernir y distinguir lo que es bueno o malo, frio o caliente, alto o bajo, negro o claro, digno de ser imitado o rechazado, seguido o abandonado, continuado o interrumpido. Es la simple virtud de obrar con justa razón, precaución, cuidado y con cautela. No es mentir, es actuar con valores, con inteligencia y audacia.
Con el transcurso de los años esa palabra latina en la práctica fue cayendo en desuso o perdiendo su sentido original. Con sus hechos y acciones los seres humanos modernos y contemporáneos hemos terminado por desdibujar la real interpretación de aquella recta razón, y en la realidad actual es una virtud en peligro de extinción a la que no se le da aplicación, o al menos no la necesaria para los tiempos que corren de alta sensibilidad, crispación, excitación y violencia.
Santo Tomás de Aquino afirmaba que quien sea sabio que nos enseñe, quien sea santo que ore por nosotros y quien sea prudente, es el que debe regirnos. Cierre el pico, se les oía decir con frecuencia a nuestros abuelos esa contundente frase en alusión a una de las virtudes cardinales y era guardar prudencia.
Como en la elocuente campaña de seguridad vial, "si va a tomar no maneje, entregue las llaves", ser prudente significa ser cauto y precavido; es decir, estar atento ante los muchos riesgos y peligros en que se puede ver envuelto por exponerse o dejarse llevar por el impulso. El control y seguimiento a la virtud nos hace personas más ejemplares y con un alto grado de reconocimiento social.
Como muchos ejemplos una reconocida actriz colombiana cayó en una situación embarazosa como consecuencia de conducir con tragos y lo vivido la convirtió en la modelo de la campaña ‘Para, piensa, pon de tu parte’. Por no aplicar la prudencia, muchas personalidades del ámbito político, económico y social han sido sorprendidas en circunstancias indebidas, haciendo famosa la frase de "usted no sabe quién soy yo" pero convirtiéndose en el ejemplo de lo que no debemos hacer.
La Biblia en su libro de proverbios 13 - 16, dice: Todo hombre prudente obra con conocimiento, pero el necio ostenta necedad. Exclamaciones como ‘yo si soy muy sincero y no tengo pelos en la lengua’, caen en lo completamente opuesto a la prudencia y llevan a la equivocada y apresurada manía de prejuzgar o de actuar antes de pensar. A veces no medimos las consecuencias de nuestros actos y palabras, provocando con ellos, hasta en las personas que más queremos, tristeza que no se alivia, resentimientos que jamás se olvidan y heridas al honor y la honra que nunca sanan. Actuemos con precaución, un lenguaje claro, fiel, sereno, cauteloso y adecuado para evitar posibles daños irreparables en la persona.
Como buenos cristianos y ciudadanos, sería una bendición para la sana convivencia entre familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, conciudadanos y las sociedad colombiana en general, si pusiéramos en práctica aquella frase que rezamos casi que inconscientemente cada diciembre en la Novena al Niño Jesús: “la prudencia que hace verdaderos sabios”, para que cultivemos la sabiduría; para que aprendamos a guardar el elocuente silencio cuando es pertinente; para ser discretos con la información cuando ella pueda generar conflictos o agraviar, o nos haya sido depositada en confianza; para saber decir las cosas sin ofender y con ánimo constructivo; y para poder abstenernos o detenernos ante el riesgo e inminentes tragedias.
