Si aceptan que la violencia fue de ambos lados…
El tema del diálogo es, sin lugar a dudas, algo paradójico, ya que aunque se trata de una capacidad innata en los seres humanos, la mayoría de nosotros no estamos dispuestos a emplearlo con la frecuencia necesaria, cuando deberíamos hacerlo, lo que conlleva a que la resolución de cualquier conflicto que podamos tener se retrase o se empeore innecesariamente.
El diálogo humaniza a los humanos, dice el profesor Samuel Richards de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, cuyo mérito radica en haberlo facilitado en numerosos conflictos armados, como consultor de la OTAN.
El profesor Richards estuvo hace poco en Colombia invitado a la celebración de los 40 años de la Escuela Colombiana de Carreras Intermedias, hoy Universidad ECCI, con el propósito de crear un “ejército de facilitadores de diálogo” y dictar conferencias y charlas sobre el tema.
Al analizar el estado de polarización política en Colombia dijo que el partido de oposición, Centro Democrático, que aún persiste en llamar terroristas a los excombatientes de las FARC, puede perfectamente sentarse a dialogar, así las personas –de ambos lados- que lo hagan, tengan posiciones extremas, porque muy pronto van a experimentar lo que se llama la humanización del intercambio de ideas.
“Las personas con ideas extremas tienden a definir una narrativa de la conversación que no es la correcta. Lo correcto es ver que quieran entender a los otros. Si esas personas mantienen la posición incorrecta, nada cambia, se seguirán viendo como enemigos y eso significa que seguirá el conflicto”.
Ante la pregunta de cómo los colombianos se podrían reconciliar con los excombatientes de las FARC que cometieron crímenes graves y de lesa humanidad, el profesor dijo que era necesario reconocer que los militares también cometieron crímenes terribles contra miembros de esa guerrilla y contra colombianos inocentes. Una vez se acepte que la violencia fue de ambos lados, se puede entender la perspectiva del otro. Eso se hace persona por persona. No lo asimila repentinamente la sociedad entera. La única forma es ver que las ideas de cada posición son mucho más complejas de lo que uno se imagina.
Aplicando la metodología del diálogo fue la forma por la cual salieron adelante los complicados procesos de paz de Irlanda del Norte y de Sudáfrica.
Los argumentos que mantienen la polarización puede que, aparentemente, sean inamovibles, pero con el diálogo las personas pueden ver la complejidad de tan espinoso tema, para seguir adelante. La complejidad, en cierta forma, es un antídoto contra la polarización.
El que se llegue a dar el diálogo entre las partes no asegura que el conflicto vaya a resolverse. Pero el intercambio de opiniones y puntos de vista con una clara intención de establecer unos acuerdos mínimos allana el camino de la paz. Si todo esto se hace con respeto, con una buena actitud para escuchar y con un buen trato mutuo, la mitad del camino ya ha sido pavimentado.
Pero hablar no es lo mismo que dialogar. Hablar solamente implica que hay una expresión verbal de lo que uno quiere transmitir a la otra persona, pero en ningún caso implica que haya ningún entendimiento.
Aquí lo que impide solucionar el conflicto es que las personas implicadas en uno de los bandos no están dispuestas a ceder, se aferran a su postura y consideran que ceder supone una derrota, que no es conveniente en estos tiempos pre electorales y ni siquiera acceden a bajarles el mote de terroristas.
Hace poco la prensa publicó alguna noticia acerca de los tímidos pasos con que se inició un diálogo. Pero fue un intento carente de sinceridad porque los voceros del CD, a veces, parecen olvidar que la parte más importante para sentarse a dialogar es hacerlo con sinceridad. No lo han hecho por razones muy diversas que van desde la necesidad de agradar a su jefe máximo, pasando por la necesidad de obtener la aprobación de los recalcitrantes y terminando por el miedo a los disgustos.
“Nos encontramos con una riqueza insospechada en tantos rincones del país que le han apostado a la paz, y de los cuales podemos aprender tantas lecciones y formas concretas de avanzar en su construcción. Es la otra Colombia no conocida, la que no se escucha en los medios de comunicación en medio de los gritos de guerra.” (Sarmiento en Cante, 2007, Pp. 116).
Aceptemos sentarnos a dialogar, todos, para ver si logramos finalmente la paz en todos los rincones de Colombia.
