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Opinión/ Creado el: 2020-02-06 04:33

Shakira y yo

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 06 de 2020

Por: Alfredo Sabbagh

Era 1992 o 1993. Yo era un flaco mozalbete veinteañero, sin un peso en el bolsillo y con los estudios universitarios suspendidos por lo mismo. Mi colega y amigo Pedro Trillos me ofreció trabajo como auxiliar todero en el negocio de sonido para eventos que recién comenzaba. Obvio era el sí. Pedro me dice que el fin de semana atenderíamos un evento en el Club Campestre. Era un bingo a beneficio de alguna fundación, y el show central musical estaría a cargo de Shakira.

El nombre no me era desconocido, por supuesto. Aparte de que ya había publicado “Magia” y la canción homónima se escuchó mucho en la radio local, Shakira era (es) la hermana menor de Tonino, por esas épocas novio y ahora esposo de la mejor amiga de mi entonces novia y ahora esposa. Tonino, como buen Mebarak, es un tipazo. Es de las personas más nobles que conozco, pero esa es otra historia. El cuento es que para mí Shakira era la hermanita de Tonino que cantaba bonito.

Ese día, luego de arrear bafles, consola y cables, nos avisaron que Shakira quería hablar con “los del sonido” para cuadrar la presentación y probar micrófonos. El set de las canciones incluía varias de “Peligro”, un olvidable (y menos mal que olvidado) álbum producido sin afecto y sin mayores ganas por un señor apellido Paz; y terminaría con “Magia”, misma que Shakira quería cantar caminando en medio del público. Ella, que desde bien niña sabía lo que quería, nos pidió a Pedro y a mí un modelo de micrófono inalámbrico que la incipiente empresa de sonido no tenía. Le ofrecimos como alternativa un micrófono con largo cable y mi asistencia para evitar que se le enredara entre las sillas y la gente. Lo ensayamos y pareció funcionar bien.

Y así fue. Luego de varias canciones interpretadas con el talento de antes y de siempre, Shakira anunció “Magia” y bajó de la tarima. La recibí con el micrófono en una mano y la madeja de cable en la otra. Mientras ella caminaba entre la gente, yo iba atrás agachado, casi en cuclillas, soltando y recogiendo cable, pendiente de que no me pisara e incluso de que no caminara muy cerca a los bafles para evitar el molesto pito del feedback. Acabó, se despidió del público y me entregó el micrófono con una sonrisa que quise imaginar de agradecimiento a la vez que de pena: Yo estaba literalmente molido de la espalda y con decenas de metros de cable detrás de mí esperando ser recogido.

Después de eso nos vimos varias veces más en escenarios y países distintos. Nunca le recordé la anécdota, y seguro que en su larga y maravillosa carrera ha vivido muchas otras más trascendentes y recordables que la de un cable por el piso. Para ella vino el chance del sencillo “Donde estás corazón” en un compilado de fin de año de su casa disquera y…Ya saben el resto de la historia. El domingo pasado bailó mapalé y champeta en el evento televisivo más grande del mundo, y hoy sigue siendo tendencia mundial esa presentación.

Cuando sea y en donde sea vuelvo a cargar ese cable.


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