Opinión/ Creado el: 2017-06-28 02:14
Ser Opita
Enfoquémonos en este periodo del año en donde de repente, nuestros más profundos sentimientos de regionalismo están a flor de piel. Parece casi increíble como las fiestas originalmente dedicadas a dos santos galileos que nunca pisaron estas tierras representen de manera tan fidedigna el sentimiento de un pueblo entero que en junio se siente más de acá, que el resto del año.
Ser opita ciertamente va más allá de haber nacido en el Huila, es vivirlo todos los días, de sentirse orgulloso de sus raíces o de adoptarlas como propias si fuera el caso, de hablar con orgullo con el dejo característico de la región, y aún sin tenerlo, extrañar a quien habla con esa entonación quejumbrosa y dulce a la vez.
Ser opita es respetar la memoria de quienes nos antecedieron labrando para nosotros esta tierra caliente que nos dejaron como heredad.
Ser de acá muchas veces ha significado guardarnos el orgullo para nosotros mismos, cuando muy en el fondo sabemos que no hay pueblo más orgulloso que el nuestro.
Ser opita no es vivir de estereotipos negativos de flojera y desidia, es hacerle entender al extraño que esas montañas llenas de café no se cultivan solas, ni el valle del Magdalena produce el mejor arroz del país porque sí. Es el resultado de manos campesinas que se ensucian todos los días con la tierra negra fértil que tan hábilmente han usado, así como de madres y padres que se esfuerzan cada día por dejarles a sus hijos en la educación el mejor patrimonio.
Cada rincón cada río cada paisaje evoca sentimientos de añoranza para cualquiera que se sienta de acá- como dije- aun sin haber nacido en esta tierra, y es que son muchos los testimonios de quienes, viniendo de lejos, han encontrado en este rincón de Colombia, un hogar y le han dedicado su devoción y su vida entera a cambio.
Ser opita es también haber resistido los embates de la guerra fratricida, de haber aguantado con valentía cada atentado, cada secuestro, cada acto de terror que pusieron en entredicho nuestra hambre de progreso.
Por último, ser opita es cuestión de decisión mas no de una imposición geográfica, es más que un mes de fiestas o un sombrero y una falda con flores, es agradecer constantemente que tengamos una tierra firme donde afianzar nuestros pasos y los pasos de nuestros hijos, es pensar cada día que no merecemos las migajas de los corruptos, sino que a ejemplo de quienes labran la tierra, seamos forjadores de un futuro promisorio como lo que esta tierra es, una tierra de promisión.
Como dijera Jorge Eliecer Gaitán en aquel discurso famoso del Teatro municipal de Bogotá (Hoy teatro Jorge Eliecer Gaitán) :
“El hombre como las plantas, da fruto y flores no por la planta misma sino por el surco y la tierra donde ha prendido y el hombre y un pueblo no pueden ser grandes y fuertes sino en razón de las tumbas donde tiene el alimento para su futuro”
