viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-11-14 07:41

Ser del Atlético Huila

Escrito por: Jesús Andrés Vargas
 | noviembre 14 de 2019

Es un verdadero tormento, una prueba de fe, una simbiosis inexistente entre el corazón y la razón, en donde el corazón siempre querrá gritar ¡dale campeón! y la razón dirá… ¡ni de fundas!. Es, un sufrimiento consentido y una pasión inexplicable.   

Ser de un equipo chico es que los medios nacionales barran el piso con él, es escuchar una transmisión en radio o en televisión y que los comentaristas alaben al rival “grande” o en su defecto critiquen las flaquezas del pequeño. Si el chico gana fue por los errores imperdonables de su rival, o porque se lesionó alguna de sus estrellas, o porque simplemente lo del pobre es robado.   

Ser de un equipo chico es ver como los equipos grandes le hacen bullying al tuyo,  como imponen sus posturas, como se rapan los jugadores y hasta técnicos. 

 Decir que el Huila es un equipo chico no es peyorativo más sí una realidad. Realidad que se traduce en una responsabilidad compartida entre directivos e hinchas, inclinándose la balanza más hacia el lado de los dirigentes. Que ser empresario del Futbol en Colombia no es fácil, nadie lo niega, que a los del Huila les ha tocado muchas adversidades, tampoco se discute. Pero al público como consumidor que es, se le enamora y se les convence con espectáculo y eso solo se consigue con buenos jugadores (que muchas veces son los de la misma tierra), con buenos técnicos, con un proceso serio y no desmantelando la nómina cada 6 meses en busca de dinero.

En su afán de liquidez, las directivas venden los jugadores más representativos como si el objetivo de un club de fútbol fuera hacer plata y nada más. Por supuesto que ese es uno de los objetivos, pero se les olvida el más importante, jugar buen fútbol y alcanzar la Gloria, es decir, ganar títulos. Si después de ver las tribunas con más de quince mil espectadores en los últimos cinco partidos de local no les sirvió a los dirigentes para entender que con un técnico serio y un buen plantel la gente va al estadio, paga su boleta, consume dentro de las instalaciones y compra la camiseta original,  entonces el futuro del Atlético Huila está perdido.  Después, cuando la suerte esté echada, vendrán las acusaciones y chantajes como que venderán al equipo a un empresario en los llanos, o en Popayán.

Tocará esperar que nos llegue la suerte del Chelsea, equipo londinense por quien hace veinte años nadie daba una “libra”,  hasta que llegó el ruso Abramovich le inyectó dinero, hizo que la gente colmara las graderías y sorprendiera a todos, con el monstruo de equipo que es hoy en día.

Por lo pronto esperar que el “huilita” haga lo que pueda con lo que tenga, al momento de iniciar su nueva meta , volver a la categoría A.