Seamos bondadosos para servir
En alguna parte leímos "Los ríos no beben su propia agua; los árboles no comen sus propios frutos. El sol no brilla para sí mismo; y las flores no esparcen su fragancia para sí mismas. Vivir para los otros es una regla de la naturaleza. (...) La vida es buena cuando tú estás feliz; pero la vida es mucho mejor cuando los otros son felices por causa tuya" De verdad es sorprendente cómo la Naturaleza, el entorno que nos permite vivir y estar sanos, además de prestar servicio al ser humano, enseña. Y lo que imparte como enseñanza es bueno, positivo. Porque lo que muestra es que en el planeta todo está para servir de una u otra manera. ¿Por qué el hombre, el ser inteligente sobre la Tierra no entiende tan simple lección?
Hace relativamente poco, en una de las tantas columnas que dedicamos a los mensajes que nos dejó la visita del sumo pontífice de la Iglesia Católica a Colombia, y especialmente en la que plasmamos la que nos exhortó a ser bondadosos con nuestro entorno natural, planteábamos la convicción ética de que la mejor muestra y actitud de bondad humana es la de adelantar acciones en favor del medio ambiente pues hacerlo es servirnos a nosotros mismos y todos los demás congéneres. Más allá de servirle a todos los demás seres vivos, es servirle a todos los demás seres humanos, sin excepción,.
La naturaleza terrestre (es decir el medio ambiente natural del planeta en que vivimos) sólo da ejemplos de servicio; cuando ofrece a todos los seres vivos, incluidos los humanos, sin distingos, lo que se denomina “oferta ambiental”: aire, agua, bosques, paisajes, etc. Todos elementos que permiten no solo la existencia, sino la particular que determina a su vez al ser humano y lo particulariza individualizándolo del resto de los seres vivos (plantas y animales).
La Naturaleza no tiene tiempos, ni descansos. Su función es servir a los seres vivos. De eso “vive”.
Es inexplicable que el hombre recibiendo tanto ofrezca tan poco ¿Ofrece algo al resto de la Naturaleza? ¿Ofrece algo bueno? O, ¿sólo ofrece daño, afrenta y desdén? La respuesta será tristemente obvia. Y lo que parece peor es que el hombre es el único ser de la Naturaleza que al atentar contra ella, atenta contra sí mismo en una espiral suicida.
Curioso, el ser más inteligente sobre el globo terráqueo es un imbécil. ¿De qué le sirve ser inteligente si no actúa como tal?
En el caso de la Naturaleza se aplica la máxima "Quien no vive para servir, no sirve para vivir", más que ninguna otra cosa. La Naturaleza necesita que todos aprendamos de ella, sustituyamos los eslóganes y discursos, y nos pongamos a ser bondadosos con ella. Porque al serlo, estamos siendo bondadosos con todos y nosotros mismos.
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